EXPLICACIÓN

¿Qué para quién escribo? Tal vez para mí misma,
por hallar la razón de por qué me lamento,
y oír cuando me leo, ya de distinto prisma,
como de otra que clama, el natural acento.

Quizá para la gente que se encuentra a sí misma,
acaso, en coincidencia con igual argumento;
y decir la verdad en contra de un sofisma,
o, por fin, simplemente, para arrojarlo al viento.

Nada de eso, mi amor: escribo para ti,
por conversar contigo de la mejor manera,
pues así me imagino que siempre estás en mí
y, entonces, mientras íntegra, mi pensamiento hilvano,
contengo la emoción que embargándome entera
desciende desde el alma a través de la mano.

 

QUIMERA

Y ha de llegar, amor, el tiempo en que me vaya.
Sola, quizá, clamando mis canciones al viento,
por la orilla del mar tras la tendida playa
o en dorado navío con velamen argento.

Bajo el verde follaje selvoso que desmaya
sus aromas de pino, embalsamado aliento,
o el monte de eucaliptos, eminente atalaya,
o los trémulos álamos, verán mi alejamiento.

Porque es la vida, siempre, un eterno partir-
de un puerto, una ciudad, un bosque o una ribera-
y el llegar, donde sea, ¡tan sólo es el morir!
(Vámonos, pues, errantes, sin mirar el camino;
vámonos pues, amor, fieles a esa quimera
de estar juntos, dichosos de no encontrar destino.)

 

AMOR, YA NO TE EXTRAÑO

Amor, ya no te extraño, porque siempre te encuentro
en la nube viajera, en el astro distante,
en el rumor del mar, en el viviente centro
de la flor que eclosiona, en el áureo levante.

Amor, ya no te busco, porque te llevo dentro
con la impasible luna, con el sol abrasante,
con el fulgor de afuera y la sombra de adentro,
la inmortal siempreviva y el azahar fragante.

Estás conmigo siempre: te tenga o no te tenga,
te siento al lado mío, aunque te encuentres lejos,
en el fondo del alma, bien que no te retenga,
para advertir entonces, recién, de la medida
en que te quiero ahora, que vamos para viejos.
Mi cariño traspasa los bordes de la vida.

 

QUIERO PINTAR LA LUNA

Madre, ¿puedo pintar la luna de escarlata?
¿O con vestido rosa, orlado de violeta?
¡Pues, noche a noche, sale insulsa y timorata,
sin nada de color que la avive, coqueta!

¿Por qué será la luna, siempre luna de plata,
camafeo de hielo, el pálido planeta,
la doncella de nieve a la que se retrata
en blanco, si pintor, o argento, si poeta?

Quisiera iluminarla con cálido amaranto,
encendidos reflejos carmín o solferino,
inventarla morena, con luminoso manto
y no alba y exangüe, con veste de platino.
¡Quiero pintar la luna de tono colorado,
en creciente o menguante, de cara y de costado!

 

NO LE HABLES DE LA MUERTE

No le hables de la muerte, háblale de las flores,
de la aurora dorada y el ocaso de fuego,
del azul del océano y el arco de colores,
de los ríos de plata y el astro sin sosiego.

Cuéntale del amante los dichosos amores,
del reír de los niños eternamente en juego,
del canto del poeta y de los trovadores,
del que con fe suplica y hace escuchar su ruego.

Es criatura de amor: infúndele confianza,
que es menester salvarla de la melancolía,
guardarle para sí, indemne, la esperanza,
sin que sepa de angustias, dolor ni sufrimiento.
Sostenla, porque en su alma haya siempre alegría,
al cielo la mirada, el espíritu al viento.

 

PAZ INTERIOR

Detrás de mis paredes, feliz a mi manera,
extraigo del azul la esencia de mi verso
y escribo entre las nubes -¡añorante quimera!-,
con las letras del alma, un vocablo disperso.

Ignorando el tropel que redobla en la acera,
extraña a la vorágine que rige el universo,
no turba mi interior el bullicio de afuera
y así conmigo misma escribiendo converso.

Pero en el corazón no puede haber engaño,
como dentro del alma no cabe la mentira
-que en solitaria paz nos vemos al desnudo,
sin vanidad ni orgullo, ajenos al cruel daño
de la simulación que hipócrita conspira-,
y entonces a los cielos, para inspirarme, acudo.

 

LA CAUTIVA

Tal vez en una estrella hallaría mi casa,
ansiosa noche a noche de un periplo celeste:
de una nube de fuego a otra nube de gasa,
sin brújula, y ajena al norte y al oeste.

Dispondría en abrupto peñasco mi vivienda,
para entrenavegar cantando de ola en ola,
a vueltas y revueltas de la espumosa senda,
secretos de la mar que sabría yo sola.

Pero, mientras, ni océano bajo enhiesto arrecife,
ni por azules rutas al astro tremulante,
ni embarcación de sueños o fantástico esquife,
con que alcanzar el cielo para cósmico viaje.
Solitaria en mi cuarto, atenta al son del viento,
entre insalvables muros como todo paisaje.

 

CUANDO EL SEÑOR ME LLAME

Cuando el Señor me llame será una triste aurora
o tal vez un ocaso de oscuros nubarrones,
o una mañana azul, refulgente, sonora,
lleno al aire de cantos, campanas y pregones.

Acaso sea la tarde la que, al fin, me despida,
y puede que la noche escuche mi suspiro,
ese aliento postrer en que se va la vida
para entrar, silenciosa, al último retiro.

Sea aurora, mañana, tarde, noche u ocaso,
melancólico tiempo de pálidos matices
o haya sol en las calles o lluvia sobre el techo,
pero ya ni el amor atajará mi paso,
ni tampoco el recuerdo de los días felices,
para quedar inmóvil, con la Cruz sobre el pecho.

 

KHALIL GIBRÁN

No es suficiente dar, ni dar con alegría;
ni tampoco es bastante dar con renunciamiento;
menos, dar con dolor, un poco cada día,
esperando de otros el reconocimiento.

Y no basta -siquiera- el dar por ser virtuoso,
aunque el alma egoísta, aleccionada, calle;
hay que dar, simplemente, como el mirto oloroso
que esparce, sin saberlo, su fragancia en el valle.

Más aún: es forzoso merecer ser donante,
que a través de esas manos diga Dios lo que piensa
y sonría dichoso detrás de la mirada.
El poeta oriental nos pone por delante
la sola realidad de la íntima conciencia,
testigos, como somos, sin ser dueños de nada.

 

JAMÁS DE SUS CRIATURAS
SE DESENTIENDE DIOS...

Nunca te creas solo ni hables de indiferencia
porque a tu alrededor no veas a ninguno;
la vida, ciertamente, a veces nos silencia
y es como si se hubiese olvidado de uno.

No hay omisión total, suele ser esa ausencia
el retardo o la espera del momento oportuno;
y cuando nos parece que acaba la existencia,
todas las esperanzas se avistan en consuno.

Jamás de sus criaturas se desentiende Dios:
a las más solitarias, tal vez más desvalidas,
un huésped las sorprende, que llega inesperado,
con el alma en los labios y las manos tendidas,
al regresar, adicto, de recuerdos en pos,
porque el cielo es promesa, de nadie se ha olvidado.

 

ADIÓS, AMOR, ME VOY

Adiós, amor, me voy al mundo de los sueños,
donde ya no se sufre ni tampoco se llora;
ámbito siempre azul, en el que los pequeños
retozan entre estrellas y sólo a Dios se adora.

Donde no hay sinsabores, ni duros entreceños,
pues amor con sonrisas a todo labio enflora,
ni se traban en cruz más infernales leños
y cada nuevo día rivaliza en aurora.

La presión de tu mano la sentiré en mi palma;
música en mis oídos, el tono de tu acento;
caricia de la tierra, el temblor de tu alma;
todo como un reproche, amoroso reclamo,
hasta el confín remoto ha de llevarme el viento;
porque ha sido mi pena mayor a lo que amo.

 

HIC ET NUNC

Como San Pablo, digo: -Aquí, Señor, y ahora.
No habré de malgastar el tiempo que me diste,
tampoco ha de encontrarme nuevamente la aurora
con las vacilaciones del medroso o el triste.

Ni siquiera con dudas que malogren la hora
en que, tal vez, para algo supremo me elegiste,
dilaciones inútiles, excusas y demora,
por cuanto el corazón de sus ansias desiste.

Emprenderé sin más, resuelta, mi tarea,
para llevarla a cabo en el mismo momento:
cotidiana labor, con firme iniciativa
u hogareño trabajo, por humilde que sea.
Y si debo expresar el noble pensamiento,
lo escribiré al instante para que en otros viva.

(Aquí, siempre y ahora, leal a lo que siento.)