IV

LAS CARTAS

I

Como no te escribí
el día de tu casamiento,
te mando esta cartita,
hoy, que es tu cumpleaños.
Te la regalo
para que la lleves al cielo
y se la muestres a Dios.

II

Le doy gracias a Dios
porque hizo las madres;
gracias a Jesús
porque me hizo a mí;
y gracias a todo el mundo.
Menos al diablo.

III

¡Te escribo para decirte que te extraño
como catorce mil vueltas al mundo en barco!
"¡No me faltes de tu ausencia!"

IV

Te regalaré una sortija de oro
y un brazalete,
para que seas la más linda de mi fiesta.
¡Te quiero desde que naciste!

V

Perdóname las palabras feas que dije.
Camino de la escuela,
encontré las tijeritas en mi saco
y, en cada cuadrito de papel que cortaba,
veía tus ojos húmedos, mirándome.

VI

Escribo en el friso, con los ojos:
Te quiero... Te quiero...
Y, como forma arabescos,
las "cu", con las patitas hacia arriba,
al revés o al costado,
parecen notas
de mis ejercicios musicales.
¡Y es una canción para ti, Mali!

VII

He roto el cristal de la ventana.
¿Te asomarás a despedirme
por la estrella que ha quedado?
¡No te aflijas:
para que los miles de espejitos
sobre el piso,
no copien
las lunitas de tus lágrimas!

VIII

Hoy no pude escuchar ruidos
-ni el arrullo de la paloma del tejado,
ni el canto del grillo en el zaguán.
¡Tengo que escribirte, Mali,
y, lo que quiero decirte,
es para siempre!

VII

FINAL

-¿Recuerdas, hijo, cuando cada noche visitábamos la luna, y cada amanecer,  a través de nuestra celosía, el alba trazaba rayitas en el cielo raso? ¿Cuándo atisbábamos la presencia del lucero por entre los altos muros  y veíamos brotar la flor nueva en nuestra reja? ¿Y aquel día en que las vaquitas de San Antonio mancharon de motitas sinnúmero nuestro pequeño patio? ¿O cuando trajiste el minúsculo renacuajo desde el estanque  del Botánico? ¿O del tiempo de mis canciones para ti, en la mecedora de la abuela, con nuestras mejillas juntas, bajo los atardeceres?
Cuando seas hombre, seguirás navegando el Río Azul, en tu barquita de plata, para que en ciertas horas de soledad, tu madre oiga en su alma, las canciones
que tú le cantes.