EL LAGARTO ESTABA HARTO           

El lagarto estaba triste
pues con él se hacían zapatos;
los sabios de la familia
todo se lo habían contado:
que su cuero se vendía
en los mercados más caros,
para fabricar carteras
y sobre todo calzado:
abuelos y bisabuelos
terminaron en zapatos.

El lagarto estaba triste.

El lagarto estaba harto.


 

LA TORTUGA, LA CONEJA Y LA OSA    

"Necesito un sombrero",                             
exclamó la Tortuga,
"y también unas medias
que vistan mis arrugas.
Me compraré un anillo
-¡lleva tantos la oruga!-,
aunque no tenga dedos
la idea me subyuga,
como tener un piano
y tocar una fuga".

"Y yo quiero unos aros",
agregó la Coneja,
"debo elegirlos bien
por mis largas orejas;
un vestido de gasa
y pintarme las cejas
¡para al fin debutar
entre las candilejas!".

"¿Cómo pretenden tanto?",
interfirió la Osa.
"Yo en cambio no deseo
ninguna de esas cosas.
Sólo miel, y bailar
soplando mariposas."

 

LA HORMIGA JOSEFINA BONAPARTE    

Josefina Bonaparte
es una hormiga -un amor-,
francesa, pintora y música,
que vive en La Malmaison.       

Pinta con mucho amarillo
porque le gusta Van Gogh,
acompañándose al piano
canta do-re-mi-fa-sol.

Y es descendiente directa
del hormigo Napoleón.

 

 

LA SEÑORA CIRULATA Y LA SEÑORA MARIULA

La Señora Cirulata                                           
y la Señora Mariula
salen orondas al campo
para allí conversar juntas.

Son dos gallinas muy lindas
y de plumalleras rubias,
con claritos en las sienes
y trencitas en las puntas.

Se sientan bajo de un árbol
que -florecido de púrpura-
las acompaña amoroso
mientras picotean uvas,
hasta que el sol se escabulle
y comienza la garúa.

Entonces las gallinitas
carraspean, estornudan;
pidiéndose mutuamente,
presurosas, mil disculpas,
entran por fin apuradas
a su casa, cada una.

 

EL ELEFANTE Y LA "ÉCUYÈRE" EN EL CIRCO

"¿Te acuerdas", a su mujer                                
dijo tierno el elefante,
"cuando junto a la mandrágora
vivimos nuestro romance?

"¡Cómo se ha pasado el tiempo!

"¡Qué lejos aquel paisaje!

"Aunque el de ahora, Rebeca,
me gusta también bastante:
los graciosos enanitos,
el mago que traga sables,
los altos equilibristas,
y... aunque acaso te arrebates,
lo que me gusta de todo
es esa chica tan suave
que a la grupa del caballo
hace sus pasos de baile.        

"Esa que columpia un arco
de rosas, allá en el aire,
y cuando pasa sonríe
y no se olvida de nadie.

"A mí, Rebeca, hasta un beso
me dio un día ¡y te enojaste!,
cuando sólo compasiva
se muestra a los animales."

"Siendo hombre", arguyó Rebeca,
"y ella mujer... ¡no se sabe!"

 

LUNITA       

Lunita de mis  juegos,                         ¿por qué no te veía?

¿Estás en otra parte
durante todo el día?

Papelito plateado
que mi lápiz alisa
enarcando las puntas,
¿qué haces ahí arriba?

 

 

 

 

EL BURRITO GLORIOSO

La avispa exclamó:
“¡Mi talle! ¡Mi talle!”,
al ver al burrito
paciendo en el valle.

“¡Mis alas! ¡Mis alas!”:
tal, la mariposa
le gritó al pasar,
en más, orgullosa.

Así, el picaflor:
“¡Mi pico! ¡Mi pico!”,
se rió del pobre,
mísero borrico.

Igual, la luciérnaga:
“¡Mis luces! ¡Mis luces!”
(Acá, el borriquito
ya se fue de bruces.)


Pero las orejas
levantó al momento:
“Ni de alas, de talle,
ni pico, soy dueño,
pero, pese a ser
un triste jumento,
estoy muy feliz,
estoy muy contento,
porque allá en Belén
calentó mi aliento
al Niño Jesús.
¿Quién tiene más luz:
la pobre luciérnaga
o yo? Lo descuento”.

“¡Corceles! ¡Corceles
que van a la guerra!”
(Pasaron caballos,
cascos dando en tierra.)
“¡Corceles! ¡Corceles!
¡Ni el mármol ni el bronce
son para el jumento!” 

“No importa”, se dijo
el asno, contento,
“pues ninguno de ellos
Lo llevó hasta Egipto.
Ninguno -tampoco,
como yo, también
portándole, entrará
en Jerusalén”.

 

DUÉRMETE MI NIÑO...

Duérmete mi niño,
duérmete mi luna,
que arde la estrella:
esa estrella tuya.
Parece que dice:
“Sin duda, sin duda,
yo soy de ese niño;
él viene en mi busca”.
Duérmete mi niño,
duérmete mi luna,
duérmete mi estrella
que todo lo alumbras.