El Río Azul (1975) -tercer libro de Marilina Rébora- es poesía íntima, tan simple, emoción de niño, casi sin palabras pues lo que vale es la sugerencia, esa que la criatura calla cuando se nos queda mirando, para que le adivinemos lo que tiene en el alma.

Dice en el prólogo Rafael de Diego: "La de El Río Azul es la comarca espiritual de las almas vírgenes, indemnes de maldad. Porque, aun los que han pecado sin intención, conservan la gracia que permite comprender esa poesía, emoción que es el lenguaje teologal con que los ángeles conversan con los niños antes de que éstos vean la luz y que se prolonga en el entendimiento con las madres amorosas".

Con las manos devotas, juntas en dorada pleitesía, como uno de esos ángeles que pintó de rodillas Fray Angelico, se oye en éxtasis el rumor de El Río Azul, para no romper el encanto mágico y maternal de su estilo. ¡Cuánta pureza, intimidad y ternura! Un eco amoroso en el silencio. Latido de golondrina en el azul del espacio. Para que "naveguemos el azul con nuestra barquita de plata, y, acaso, un día, lleguemos al puerto de la luna".

Tiempos de la Vida (1975) -íntimo poemario de edificación espiritual- y El Lagarto estaba harto (1986) con prólogo de Antonio Requeni.