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  La pasión en la literatura de Marilina Rébora
                                                                       

por  Juan Carlos Fustinoni

Se denomina pasión  la actitud adoptada por la personalidad, en la que se inspira unitariamente toda la conducta y que tiene caracteres estables y constitutivos. En este sentido, la pasión es un mecanismo emotivo muy complejo, que se caracteriza por la atracción y repulsa hacia ciertos objetos, de modo que se buscan determinados estados afectivos y sentimentales, a la vez que se rehúyen otros1.
"El ser humano es capaz de reír, de llorar, de saber que morirá y de amar apasionadamente. A tal punto esa capacidad lo define, que el amor, como la muerte, es parte de la esencia misma de la literatura universal. No hay canto épico, obra de poeta contemporáneo, novela, colección de cuentos de cualquier época o cultura donde el amor apasionado no se apodere al menos de una parte del texto." Así se expresan Shua y Steimberg2 en el prólogo de Antología del amor apasionado. Allí citan como ejemplos de pasión en las letras -entre otros- el Soneto XVIII de William Shakespeare; El cantar de los cantares, de la Biblia de Jerusalén ; Odio y amo, poema de Catulo; Otra estirpe, poema de Delmira Agustini; El Pescador y su Alma, cuento de Oscar Wilde; Los restos del día, de Kazuo Ishiguro; Quinta Jornada, novela sexta del Decamerón de Giovanni Boccaccio; María, de Jorge Isaacs; Berenice, cuento de Edgar Allan Poe; La educación sentimental, de Gustave Flaubert; Lolita, de Vladimir Nabokov; El amigo de la muerte, de Pedro de Alarcón; La vida está en otra parte, de Milan Kundera.
Otros ejemplos -no mencionados por esas autoras- están dados por Hamlet y Romeo y Julieta, de Shakespeare; La Divina Comedia, de Dante Alighieri; Eugenio Onieguin, de Pushkin; Del amor y Armancia, de Stendahl; Zibaldone dei pensieri, de Leopardi; Hyperion, de Hölderlin; Atala, de Chateaubriand; Ultimas cartas de Jacobo Ortis, de Foscolo; Penthesilea, de von Kleist; Oda a una urna griega, de Keats; Las flores del mal, de Baudelaire.
La pasión la vuelcan en sus pinturas numerosos artistas. Bastan para ello unos pocos ejemplos. El Cristo de Velásquez; La Piedad de Avignon de Enguerrand Charonton, que enmudece por el silencio de la escena toda angustia; La encajera de Vermeer, de una íntima dulzura de amoroso interior; El nacimiento de Venus de Botticelli, inocencia que nace desnuda antes del pecado, hasta ajena al amor; Retrato de viejo y nieto de Ghirlandaio (difícil encontrar otra expresión más cierta del afecto de abuelo y nieto; acaso el pintor trata de ridiculizar al anciano para que se ponga más atención a la verdad del sentimiento); El cambista y su mujer de Quentin Metsys, poesía del color del Maestro de Amberes3. Y entre tantísimos más, un último ejemplo: Tormenta de nieve de Turner, y al decir del poema de Peri Rossi:
"El mar gira, redondo como un vértigo de espuma... En el círculo de las aguas absorbentes Uno es todo y todo es lo mismo, fuerza que enciende y quema."4
La pasión la plasman en sus obras diversos escultores: Rodin, Carpeaux, Miguel Angel, Donatello, Bernini, Benvenuto Cellini. Respecto de este último, "la exhibición que hace Perseo de la cabeza de Medusa es sólo comparable  con  la que realizaron los revolucionarios franceses con la de la Princesa de Lamballe, clavada en una pica, frente a las habitaciones de María Antonieta"5.
La pasión abunda en el músico al componer sus obras6. El artista que sufre -llámese Mozart, Beethoven, Schubert, Berlioz, Schumann, Mahler, Tchaikovsky- nos legó sus creaciones. Los compositores enamorados, víctimas del infortunio en el amor -Beethoven, Schumann, Tchaikovsky, Wagner, Schoenberg, Berg-, han creado bajo el tedio de la felicidad.
La pasión la experimentan los personajes en el drama y en la ópera: Otello y Desdémona, en Otello de Verdi y en la ópera de Rossini; Werther, en la ópera de Massenet; Tristán, en Tristán e Isolda de Wagner; Madama Butterfly, en la ópera de Puccini; Katia Kabanova, en la ópera de Janácek; Don José, en Carmen de Bizet; Pélleas et Mélisande, en la ópera de Débussy; Wozzeck, en la ópera de Berg, entre tantos ejemplos más7, 8.
La poesía -manifestación de arte supremo literario- no ha quedado al margen, como ya hemos mencionado, y en un sinnúmero de poemas de la obra de Alfonsina Storni9, Juana de Ibarbourou10, Gabriela Mistral11 y Marilina Rébora abunda la pasión. Nos ocuparemos específicamente de la pasión en la obra de esta última.

 

1. La poeta y su poesía. Los comienzos

Marilina Rébora aparece en 1969 con Los Días de los Días, donde revela una definida personalidad poética que irá cristalizando a lo largo de una corta carrera de muy fecunda producción.

Supo sentir el amor de la belleza moral que exalta y dirige al espíritu, condición esencial del arte, que ajusta su instrumento para que responda a la mente que va destilando en vigilia mágica ese impresionismo de poesía intacta. Unico arte que obedece a la intención de los grandes poetas modernos, sostenedores de las formas responsables, sujetas a número y pulso.

Lo que le otorga mayor unicidad es que en su obra la palabra musical, el verso orgánico, expresa las emociones que despierta el espectáculo de los seres y de las cosas del mundo -gentes, obras- con una precisión inédita, dándonos para siempre imágenes en acabado renacentismo de línea, color y volumen; y donde el tono -o cada sílaba- está en lugar indistinto a ejemplo de la técnica de un mosaico bizantino, o de vitrales que relucen transparentes porque se muestran sobre la luz con la que vibran luminosos.

Marilina Rébora nació en Buenos Aires el 7 de enero de 1919 en el seno de un hogar prestigioso. Hija de Juan Carlos Rébora y de María Celina Aguirre; su padre, además de haber sido uno de los jurisconsultos más sobresalientes que ha tenido el país12, desempeñó, con dignidad y talento, importantes funciones públicas. Fue, en efecto, Presidente de la Universidad de La Plata, Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación y Embajador de nuestra República ante Francia. Ejerció con plenitud y sin claudicaciones la profesión de hombre ; porque -empleando conceptos y terminología suyos- era Hombre, Hombre y vivió para la Patria, Patria13.

Marilina Rébora rápidamente se compenetraría desde pequeña de los efluvios de la cultura, cuando frecuentaban su casa los amigos de su padre y de su infancia: Alfonsina Storni -que la sentaba en su regazo-14, Arturo Capdevila, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)15, Leopoldo Lugones, Rafael Alberto Arrieta, Rafael de Diego16, Norah Borges -que le hiciera un retrato en 1927 titulado Marilina con una naranja en la mano17-,.Horacio Quiroga18 y sus hijos Darío y Eglé19, Ricardo Rojas20, entre otros, y al decir de sus palabras:


"En Alfonsina Storni y en las de Capdevila,
Rafael Alberto Arrieta, o Rojas y de Diego,
yo hubiera abandonado tiernamente mi mano;
pero Horacio Quiroga me contenía luego
con su barba cuadrada. Y yo, algo intranquila,
quedaba en la escalera, vuelta desde el rellano."

("Los Amigos", Los Días de los Días.)


Quizá fue ese contacto de privilegio el que la llevó a la poesía, llegando a publicar ocho libros y a dejar más de veinte inéditos. A Los Días de los Días (1969) siguieron Libro de Estampas (1972), El Río Azul (1975), Tiempos de la Vida (1975), Las Confidencias (1977), Animalerías (1980, El Lagarto estaba harto (1986) y No me llames poeta (2001, obra póstuma).

Los Días de los Días, si es la primera obra que Marilina Rébora publica, no es la inicial de su labor, aunque ésta así comience para el público. Ya encontramos poemas inéditos que datan de 1936, 1937 -algunos en idioma francés como Les étoiles que j’aime, Madame la lune y Mon petit rêve-, 1938, 1941, 1942, 1943, 1946, 1949, 1950 y 1951, y una mitología para niños (1967).

Marilina Rébora en su adolescencia, época en que data el soneto "Ce soir", fechado en Punta del Este el 15 de febrero de 1937. (Cuaderno de apuntes de la poeta.)

 

 

 

 

Entre los poemas inéditos se destaca el titulado A mi hijo, escrito en abril de 1950. Dice así:

"Alguien dijo que recuerdas
un niñito de Murillo,
y en verdad que lo pareces
por tu gracia y por tus rizos.
Tienes cabellos castaños,
ensortijados y finos
con algo de oro en las sienes,
como si fuera rocío.
La tez pálida y morena,
negros ojos expresivos
que miran llenos de asombro,
como miran los del niño.
Estabas con tus juguetes,
de pie sobre el ancho piso,
cuando te vi de repente
junto al blanco corderillo;
y al mismo tiempo la imagen
que tuviera en el olvido
apareció viva y fuerte,
tan clara como un prodigio.
Sin perder un solo instante,
entré de un salto al recinto
y trepando como pude
saqué el Cristo de su sitio,
colocándolo a tu lado
según era mi designio.
Y después, en un arranque
de ternura y de cariño,
orgullosa más que nunca
de mi hijo y de mi niño,
exclamé dándote un beso
en ese rostro tan lindo:
‘Eres el San Juan Bautista
más delicioso que he visto!’ "

Merece además citarse otro con el mismo título que data de agosto de 1950:

"Mira, niño mío,
ya salió la luna,
ya brilla en el cielo
y la tierra alumbra,
y ya las estrellas,
que son hijas suyas,
le hacen una escolta
de encaje y espuma.
Y es la luna llena,
la Señora Luna,
la que allá arriba
brilla, por ventura.
Por ventura, digo,
porque si me escuchas,
voy a señalarte
las mismas figuras
que yo vi de niña,
y que se dibujan
en su superficie
con manchas oscuras.
Míralas, yo quiero
que tú las descubras:
San José, la Virgen
y el Niño se agrupan.
Después... el burrito,
que aunque no rebuzna,
tiene, sí, dos largas
orejas en punta.
Mira niño mío,
ya salió la luna,
ya brilla en el cielo
y la tierra alumbra.
Ya puedes dormirte,
ya viene en tu busca
tu ángel de la guarda,
con las alas juntas.
Duerme niño mío...
ya salió la luna!..."

En 1968 se publican dos sonetos en "El Tribuno" de Salta, bajo el título Imágenes de Salta (Señor de los Milagros, La Procesión)21.

Marilina Rébora recita su soneto Señor de los Milagros. Grabación del año 1969.

La poeta recita su soneto La Procesión. Grabación del mismo año.

2. Primeras publicaciones

Los Días de los Días encierra una vida, desde la infancia hasta las horas de plenitud. Por eso constituye un poema, unidad literaria donde cada soneto es una estampa evocativa de los pasajes singulares de una existencia de mujer, los que se vinculan por la constante del sentimiento en recíproca referencia.

El verso, necesitado de ser claro, es propio por exigencias de la intención temática, aunque insinúe en su fina tristeza el profundo dolor que lo provoca. Es el secreto de la lírica femenina que sabe tornar en poesía las vivencias íntimas. Por lo demás, es un libro auténtico: expresa "los días y los días" de muchas almas disconformes ante la cruel realidad actual y eso universaliza la obra en función de arte.

Marilina Rébora, Ernesto Sabato, Osvaldo Fustinoni, Eliezer Doron -Embajador de Israel- y señora.

 

 

 

 

 

 

 

 

En su prólogo, Fermín Estrella Gutiérrez22 expresa: "Hay, desde un particular punto de vista, dos clases de poesía. La que llamaríamos esencial, nacida en el fondo del alma como una interrogación -o como una respuesta- a los eternos enigmas: la vida, el amor, la muerte; y la que podríamos denominar episódica, espejo -fiel- y crónica humana, cuando ella es auténtica, de hechos y cosas que ve y vive el poeta. Usted, en este su primer libro, ha cultivado, quizá sin saberlo, ambas formas de poesía. Esa es su poesía. Y en ella ha volcado toda su vida : su infancia, sus juegos y lecturas de niña, los recuerdos de su hogar, sus padres ; sus lecturas y devociones juveniles, sus gustos y preferencias, alguno que otro recuerdo de viaje, la historia, velada, de un amor, y su desaliento y tristeza actuales".
Peligrosa es la rememoración; aquí es emocionante, sostenida con imágenes felices, airosa, a veces triste, otras con verdadera amargura.
El libro tiene tres partes: "Infancia", "Los Años" y "Vida".
En la primera parte del libro se encuentra un rasgo de generosidad, notable tanto en las expresiones más sencillas, como en los versos cargados de melancolía que se proyectan -a través de las páginas- hacia "Los Años" y "Vida". La palabra amor, frecuentemente repetida, parece sin embargo surgir de cada uno de los renglones y, manejada con destreza, construir el mensaje perdurable del sentimiento impulsor del universo. Estos versos conservan en su forma los rasgos infantiles de la época que evocan23, y pienso que no llegan a contener la magnitud de las vivencias que encierran. Ejemplo de ello es el soneto "Plaza Francia". Dice así:

"Allá estaba el globero, en nuestra Plaza Francia,
rellena la figura, sonriente y reposado,
dispuesto para todos, alerta, a la distancia,
brindándonos su pompa, racimo iluminado.

Los globos animaban las tardes de la infancia,
con formas y colores de cuento imaginado;
hasta les concedíamos yo no sé qué fragancia
y cada uno era como un gnomo encantado.

Una esferilla, a veces, escapaba hacia el cielo,
y entonces, en silencio, la emoción contenida,
los ojos azorados la seguían en vuelo.
Presagios de mi infancia. Nunca pensar pudiera
que serían un símbolo a través de mi vida:
siempre mirando sueños, quimera tras quimera!"

En "Los Años" los sonetos parecen construidos por sí mismos, tal es la nitidez de lo que expresan. Se destacan "Alejamiento" y "Despedida". La autora se describe así:

"No he sido nunca linda -tal vez quise ser alta-
y la piel de mis hombros se acentúa morena
(al decir esto, claro, una verdad resalta:
que tampoco mi espalda ha de ser de azucena).

No tuve grandes ojos, y ahora aún me falta
el gracioso caer de ondulada melena;
tampoco es mío el rosa que reanima y esmalta
las mejillas y labios, con tono de verbena.

Se dice que subyuga por lo manso mi acento
-puede que a fuer de cauto alcance a ser ternura-,
un eco susurrante del jardín bajo el viento,
pero quien describiese con justeza mi traza
verá cómo responde toda la arquitectura
al tobillo delgado de la mujer de raza."

("Mi Físico", Los Días de los Días.)

Pasados ya "Los Años", se destaca dentro del grupo de sonetos de "Vida" el que lleva como título "Mi Madre". ¡Cuántos gritos ha debido ahogar en esta forma; cuántas súplicas y preguntas suspendidas que sólo hallarían la respuesta dentro de su ser, en el inmenso caudal de su vida interior! Deja trasuntar una angustiosa soledad, única consejera para la posterior comunión de las almas...24
Sigue la serenidad y el vuelo contenido en "El Cristo Amarillo" y "El Cristo de Dalí".
El soneto "Ansiedad" llama la atención por la gran belleza que encierra, al dar la noción exacta de las características de su vida. Dice así:

"Ansia de estar un día en un puente de mando,
recibir en el rostro el castigo del viento;
sin ninguna arribada, por siempre navegando,
sin dudas ni temores, cansancio o desaliento.

Y no saber siquiera, en qué forma, ni cuándo,
ha de concluir el viaje -en milagro de cuento-;
ni cuándo retornar a éste mi lecho blando,
ni a la antigua ventana, ni al dorado aposento.

Acres de sal los labios, ruda racha en la frente,
perdido el horizonte, sin destino la nave,
sin nada que la guíe, sin nadie que la oriente,
mecida por las olas, columpiada en la cresta,
apenas sobre el mástil las alas de algún ave;
sólo el rumor del mar, y Dios como respuesta."

Si la temática subyuga, la forma de expresarla -en sus distintos estados anímicos- es admirable, por su síntesis, que realza la armónica belleza de su obra.

En este libro de poemas hay un tono intimista de singular valor. Se señalan en su itinerario planos de profunda intensidad, caminos transitados por la autora donde su conciencia ha jugado un papel de lúcida entrega. Tal vínculo transformado en canto se levanta en Los Días de los Días y constituye, dentro de su modalidad, una programática acumulación de vida.

Esta resonancia puede ser localizada por medio de afirmaciones que Marilina Rébora va desgranando. Adscripta al romanticismo -una de las obras que más admirara es la serie Les Nuits de Alfred de Musset25-, flota en sus poemas un acentuado impacto de acumulaciones vividas, de esperanzas que se diluyen en un mapa de hondo dramatismo donde la vida y el tiempo, con su lenguaje destructor, tamizan la existencia para "un ser de amor en todo su conjunto".

Marilina Rébora recita un fragmento de La Nuit de Mai (La Muse) de Alfred de Musset. Grabación que data aproximadamente del año 1969.

Marilina Rébora, Osvaldo Fustinoni y Bernardo Houssay

 

 

 

 

 

 

Este es, en realidad, el clima de todo el conjunto de poemas: un aire de incitación, de registros de impotencias y de alturas, de afinamientos y decantaciones, donde, apoyada en todas sus instancias creadoras, se van desenvolviendo la vida y los recuerdos con una dulce y esperanzada motivación de amor26 y hondo contenido lírico. Perspectiva que comparte Horacio Peroncini27 cuando afirma:

"Los poemas de Marilina Rébora nos dan a un tiempo la nobleza del contenido y el señorío de la forma ; hay en ellos una elevación de la palabra y una dignidad de la estructura. Indudablemente responden a una condición natural de arraigo poético, es decir, un estado permanente de inquietud lírica y hondura espiritual. Se advierte sin esfuerzo que la autora no se propone ningún tipo de laberinto conceptual ni busca sorprender con efectismos verbales, sino antes bien expresar todo un itinerario de circunstancias emotivas a través de un lenguaje llano, enternecedor, dramático, sin desbordes; el vocabulario es pudoroso cada vez que dice el dolor. Si toda manifestación cabal es en grado primerísimo una evasión subjetiva, ésta lo es de modo sustancial.

"En este trasiego mental y nostálgico recreador de los días, la infancia será siempre un hito de memoración entrañable a la vez que insoslayable; esa memoración importa rescatar y sublimar. De los aproximadamente cincuenta sonetos que Marilina Rébora nos ofrece aquí, algo más de veinte cantan su tiempo de infancia o están connotados con dicho período ; toda la primera parte de su libro es como un reiterado ejercicio de nuestra memoria sentimental; de ello es un ejemplo ‘El muñeco roto’, que dice así:

‘En el entusiasmo del dulce embeleco,
nunca imaginara que tal vez un día,
con peluca suelta quedara el muñeco,
los ojos ausentes, la testa vacía.

Sin fondo, un abismo, semejaba el hueco
del cráneo desierto, y en esa agonía,
a pesar de todo, resonaba el eco
del tierno ‘Mamá’, que se repetía.

La imagen, por siempre, del pequeño exánime
viva en mi memoria subsistió obstinada
-era yo tan tierna y tan pusilánime-,
pero, temerosa de algún alboroto,
le pedí a mi madre no dijera nada;
y nunca nombramos el muñeco roto.’


"Las dos restantes secciones del libro, precisamente los temas que la autora ha reunido en los capítulos ‘Los Años’ y ‘Vida’, constituyen paralelamente una maduración del ciclo existencial y de la expresión lírica; de igual manera también determinan un paralelo entre lo esencial de la voz y la sobriedad de la forma."

(La Prensa, 8 febrero 1970.)


Referente a Los Días de los Días dice Manuel Mujica Lainez: "Al conjuro de tus versos renacieron muchas imágenes que se vinculan con momentos muy felices de mi vida. El mundo espiritual de los tuyos, íntimamente enlazado con el mío, floreció de nuevo, mientras tus sonetos me llevaban, página a página, por el camino encantado, en una sucesión de emociones. Sólo un poeta auténtico, alguien que vive con misteriosa, con apasionada hondura, es capaz de provocarlas"28. Debe señalarse aquí la gran amistad que unió a Mujica Lainez con la tía de la autora, la pintora Susana Aguirre29.

 

Carta de Mujica Lainez a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Canal Feijóo30 afirma: "Cuánto habría que decir de Los Días de los Días... A comenzar por el título mismo, mágica -en lo simplísima- fórmula de la ecuación de la desmesura en la medida, que cifra la esencia del tiempo existencial. ¿Y no está envuelta allí la clave implícita de su inspiración lírica? Quizá no haya especie formal más rigurosa que el soneto. Usted la ha elegido para instalar allí la mayor libertad de su rapto poético. San Agustín decía que sólo es libre el que se esclaviza. Nunca más libre ‘el pajarillo’ de Lope que volviendo a la jaula por el llanto de Lucinda. Sus sonetos actualizan ese prodigio generoso. No sé quién lo haya logrado mejor:

‘... tan ligero se fue, que extinguido su hálito
     no había certidumbre de la imprevista ausencia.’

‘... puede que a fuer de cauto alcance a ser ternura...’

‘... me dolía sentirme tan querida...’

‘... y ahora has de ascender liviana, sin fatiga,
     camino en haz de luz donde tu alma se encienda...’

‘... y todo se antepone difícil y contrario
     a las imprescindibles pequeñas libertades.’ 
" 

Carta de José Bianco a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Nalé Roxlo31 expresa: "A primera vista encuentro en su pensamiento poético impaciencia, pero una impaciencia que la meditación controla y encauza, quizá a veces con demasiado rigor que le quita soltura. He ahí un problema que yo no sé resolver. ¿Debemos dejar que corra el alma en libertad absoluta convirtiéndose en sangre de la pluma? Mi opinión es que no. Esa sangre del alma debe pasar por los filtros del arte, que es lo que usted hace y lo que se debe hacer. Parece que me contradigo, pero no es así. Lo que le critico más arriba no es el rigor, sino el excesivo rigor que usted pone a veces. En el justo medio estaría la regla de oro, regla que usted aplica con frecuencia. En general ha logrado usted un raro equilibrio entre sus finos sentimientos -la finura es para mí la clave de su poesía- y la clásicamente forma del soneto. Consuela el ver que alguien escribe como Dios (o Apolo) manda, en esta época de universal despatarro, en que se publican como obras terminadas lo que sólo son comienzos de borradores".

José Luis Romero32 agrega: "La lectura de sus poemas deja un perfume melancólico que tiene que arrancar de una muy buena poesía, profunda y vivida. Tal es la impresión del lector: una experiencia rica y honda, que ha buscado la forma de trascender y la ha encontrado".

El segundo libro de Marilina Rébora es Libro de Estampas (1972). Quizá único entre nosotros, nos ofrece pinturas, escenas y paisajes a través de una fina impresión emotiva, donde se siente, más que el espíritu del artista, el alma de las cosas y los seres por la amorosidad de las vivencias. Desfile de plásticos, aguafuertes y luminosas acuarelas, donde se exalta y reproduce la imagen realista de gentes, ciudades y cielos, y rinde la autora la entrega del tesoro de sus propias esencias anímicas.

La poeta nos da digerida una belleza que otros no siempre alcanzan a percibir y no podrían asimilar. Extrae la poesía que en todo se contiene sólo para el poeta perceptible. Por eso, al exponer la belleza, embellece al mundo, nos lo descubre en la realidad perdurable, porque la belleza jamás muere.

El libro posee cinco partes bien definidas: "Primitivos", "Retablo", "Galerías", "Periplo" y "Compañía de Amor".

En la primera parte, "La Porteña en el Templo" es de excelente factura descriptiva. En "Manuelita Rosas" sobresale su colorido brillante33 :

"Muéstrase Manuelita en vestido encarnado.
Es la alfombra punzó, el sillón carmesí,
y, en conjunto de sangre, rojo es el cortinado
y las flores de fuego, una no y otra sí.

Vibra todo el ambiente en matiz colorado
y las mismas alhajas arden con su rubí;
excepto el escarpín, que se asoma dorado
y que, gracioso, extraña tal vez al verse allí.

Apoyada en la mesa levemente la mano,
en pálido contraste con tanto intenso emblema,
así quiso pintarla Pueyrredón -Prilidiano.
Qué enigma, sin embargo, ése de Manuelita:
el moño bermellón cediendo a la diadema.
¿Es que responde al sueño real de su Tatita?"

En la segunda parte, la poesía interior es muy superior a la simple pincelada deslumbrante. Como ejemplos citamos "La Virgen del Conejo" y "La Virgen de la Verja de Rosas" que contienen una frescura inmaculada. El necesario y merecido realismo del "Cristo de Velásquez" lo logra con la pureza de su místico dolor. Donde quizá se encuentre la autora más en su esencia es en el maravilloso soneto de "La Virgen del Unicornio" (Martin Schoengauer). Esta Virgen responde a la imaginación medieval que se nutre de lo fantástico y lo real para el emocionado sentimiento religioso:

"Estás en tu torre, Torre de Marfil;
pareces más joven rodeada de almenas,
con un unicornio casi de perfil.
Se diría que nunca conociste penas.

Ambiente sereno, algo pastoril,
todo se embalsama con las azucenas
y el ser fabuloso se inclina gentil,
a fin de que el cuerno le toque apenas.

Torre de Marfil; unicornio manso,
césped encrespado, blanca flor esbelta.
Esta dulce imagen es fresco remanso
y detrás hay otra en llamas envuelta:
dos manos y un leño en el fondo incierto.
Al frente tendido un cordero muerto."

En "Galerías" se destaca -por su exactitud interpretativa- "La Venus de Lucas Cranach". Su verso final, tan femenino y único, dice así:

"Esta nívea Venus no nació de espumas:
alta y algo ambigua resulta imperfecta."

Le sigue en mérito el encantador "Niño con un delfín".

Si se la ve a la autora en "contemplación" de cada uno de los cuadros, al mismo tiempo se tiene la impresión de ver al cuadro "asomado" en éxtasis mudo a su soneto, a la poeta, a su éxtasis hecho verbo. Tal vez algo como eso cifre la ecuación de la creación mágica del arte en todas sus expresiones34.

Carta de Canal-Feijóo a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En "Periplo" se destacan "Estambul", "Belén" y "El Taj-Mahal".

Seguramente la parte más personal, porque es su don natural, sea "Compañía de Amor". En esta última sección de la obra, el amor y el dolor tienen las características de un bajorrelieve, donde subyaciendo al íntimo retrato está la autora viviente y palpitante. Su soneto "Hijos" trasunta el hecho de ser madre: gloria que consuela todos los sufrimientos y, aun, todas las ingratitudes35. Constituye una magnífica efusión de su vida y fe. Dice así:

"Lo sabréis desde ahora -para eso sois mi vida-:
cuando un día me vaya, no será que lo quiera,
así lo habrá dispuesto, en lugar y medida,
el Señor que en lo alto a todos nos espera.

No habrá de serme fácil la última partida,
aunque habré de esforzarme en parecer entera;
pensaré, para el caso, en una despedida
como lo fueran tantas, como una más, cualquiera.

Quedará el corazón, cual ave en su retiro,
aquí, junto a vosotros, para el llamado atento,
que el alma se irá a Dios con el postrer suspiro
-corazón y alma forman la espiritual sustancia-;
y habréis de sonreírme, como antes, en la infancia:
lozanas las mejillas, la cabellera al viento."

Si Los Días de los Días es poesía intimista con la encantadora modestia de un secreto, en Libro de Estampas descubrimos -no sin asombro- que el secreto tiende a la "revelación" sin perder la humildad, pero con el legítimo orgullo de manifestar el secreto a la luz. Ya la poesía no "cubre" su rostro, sino que levanta el velo para mostrar la belleza. Tiene así el encanto del asombro. La vida interior trasciende al exterior, calmando su ansiedad, aunque también aflora la misma inquietud con matices que producen emoción:

"...nadie hay en el mundo que al fin no se arrepienta
     de lo poco vivido, al ver que se concluye."

("Mater", Libro de Estampas.)

En Libro de Estampas se afirma la búsqueda del contacto del alma con lo sobrehumano. Para los neoplatónicos el misticismo consistía en el contacto del alma individual con el principio divino, despojándola de todo lo trivial y cotidiano, y permitiéndole iluminarse interiormente hasta descubrir la esencia del ser. Por eso es que su poesía carece de eufemismos, no tiene circunloquios. Va directamente a lo pensado.

Marilina Rébora es una poeta solitaria que huye de la estridencia bulliciosa y la difundida notoriedad, pero, en cambio, cultiva devotamente su mundo interior y su opulenta imaginación. Mensaje lírico el suyo, traduce la visión integral del auténtico poeta-simbiosis, morosa entre el pensamiento y la sensibilidad. Es decir, un alma que se consume en su propia llama, como si fuera en un holocausto de belleza y amor. Y el alma -se ha dicho- es el único pájaro que sostiene su propia jaula.

Referente a Libro de Estampas, dice Débole: "Es Rafael Alberti en su ‘A la pintura’ antecedente ilustre. ‘Libro de Estampas’ se atreve, a veces con donaire, a entablarle pleito. ¿Quién es el que mejor le acierta a Velásquez y quién a Botticelli? Vengan ambos maestros a resolver este problema ; yo no me atrevo. ‘Libro de Estampas’ es más que para leerlo, para soñarlo. Entrecierro los ojos y viajo a través de tanto verso acariciado, por museos y tiempo, por mundos vedados, en ese periplo en el que sólo un espíritu selecto ve y generosamente trasmite, trasmutado en poesía, reelaborado ‘aparentemente’ sin esfuerzo, lo que vio"36.

Estrella Gutiérrez37 afirma: "Me he detenido ante cada uno de sus cuadros y, en todos los casos, he sentido la presencia del original que los inspiró, y muchos de los cuales conocía directa o indirectamente. Hay color, vida, y en los de tema afectivo, ternura. Una ternura que se la siente, como la sístole y la diástole del corazón de la autora, bajo las palabras. Sus sonetos están cincelados -o iluminados- con amor. Usted, como en muchos casos Borges, prefiere dar juntos los tercetos finales. Yo los prefiero separados, como hacen la mayoría de los clásicos italianos y españoles".

 

Carta de Estrella Gutiérrez a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. Afirmación poética. El Río Azul y el sentimiento maternal

El Río Azul (1975) -tercer libro de la autora- es poesía íntima, tan simple, emoción de niño, casi sin palabras pues lo que vale es la sugerencia, esa que la criatura calla cuando se nos queda mirando, para que le adivinemos lo que tiene en el alma.

Dice en el prólogo Rafael de Diego38: "La de El Río Azul es la comarca espiritual de las almas vírgenes, indemnes de maldad. Porque, aun los que han pecado sin intención, conservan la gracia que permite comprender esa poesía, emoción que es el lenguaje teologal con que los ángeles conversan con los niños antes de que éstos vean la luz y que se prolonga en el entendimiento con las madres amorosas".

El Río Azul es poesía desnuda, como diría Juan Ramón Jiménez. La tierra y el cielo de la infancia, iluminados con puros colores, amorosamente. Apenas se dice algo, pero el río azul -ternura y añoranza- corre, apenas perceptible, bajo las palabras39:

"He roto el cristal de la ventana.
¿Te asomarás a despedirme
por la estrella que ha quedado?
¡No te aflijas:
para que los miles de espejitos
sobre el piso
no copien
las lunitas de tus lágrimas!"

Perspectiva que tiene Alberto Rivas40 cuando dice:

"Una profunda ternura y esa misteriosa intuición, en cuya fluencia descubre la madre los laberintos del alma infantil, reflejan estas breves composiciones. En el diálogo espiritual de los pensamientos subyacentes, ella percibe el diáfano paisaje de los sueños del niño, sus inquietudes y su mundo fantástico ; ella conoce la clave para descifrar sus balbuceos, y presurosa satisface las desazones con dulzura. Después, cuando el niño tiene el milagro de la palabra, inventa un nombre para la madre: ‘Mali’, y ella inquiere:


‘-¿Qué haces?, pregunté al niño afanoso.

-Una barquita de plata, Mali. Quiero ir,
por el Río Azul, al país de los sueños,
de donde me trajiste, y donde florecen
las canciones con que me adormecías.
Y, cuando estés triste de vivir, te consolaré
cantándolas.’

Otra vez ella siente que dice:

‘-Sonríe Mali;
tu sonrisa me hace bien.
Para mis tareas,
para mi sueño,
para el recuerdo.
Sonríes,
y todo es fácil,
y no hay obstáculo.’

 Y el amor filial se expresa de muchos modos:

‘-Mali, cuando sales con tu vestido rosa,
dejas, al pasar, un perfume,
y me quedo aspirando tu ausencia.’

 Y, en la calle:

‘-Caminemos mirando las vidrieras,
todas azul y oro, Mali.
¡Dices que es la primavera,
pero yo siempre las veo así,
cuando salgo contigo!’

 Y ella se siente confortada:

‘Sola el alma.
(Y una pequeña voz que dice:
-¡Mali, estoy contigo!)’

 Y, al final, otras reflexiones:

"...Cuando seas hombre, seguirás navegando el Río Azul, en tu barquita de plata, 
para que en ciertas horas de soledad tu madre oiga en su alma las canciones que 
tú le cantes."

(La Prensa, 15 junio 1975.)

Con las manos devotas, juntas en dorada pleitesía, como uno de esos ángeles que pintó de rodillas Fray Angelico, se oye en éxtasis el rumor de El Río Azul, para no romper el encanto mágico y maternal de su estilo. ¡Cuánta pureza, intimidad y ternura! Un eco amoroso en el silencio. Latido de golondrina en el azul del espacio. Para que "naveguemos el azul con nuestra barquita de plata, y, acaso, un día, lleguemos al puerto de la luna"41.

¿Y qué significa el azul? Y el himno claudeliano contestará: "El azul, sea como sea, es algo elemental, y general, fresco y puro, anterior a la palabra. Conviene a todo lo que envuelve y baña... Es el manto de la Purísima..."42.

Dice Marcos Victoria43: "El Río Azul contiene dos notables aciertos: el primero, el hallazgo del tema, que conviene soberanamente a su espíritu y a sus dones creadores de mujer; el segundo, el título perfecto, que no puede imaginarse más adecuado. Otro acierto indudable: la elección del poema en prosa, breve, burilado como una gema, intensamente significativo. El interés poético no decae en ningún momento. Esa es la prueba crucial que da la medida del verdadero poeta. Cada poema es un hallazgo de sutileza y de ternura. Algunos son verdaderamente dignos del Maestro en esta poesía, Rabindranath Tagore".

Carta de Marcos Victoria a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arturo Frondizi44 expresa: "Quien tiene la facilidad de hacer sentir al hombre vivencias de niño, tiene el privilegio de una sensibilidad muy especial. Usted es una de esas personas que iluminan el alma". Postura que comparte Amelia Biagioni45 al afirmar que El Río Azul "es suma de música y sentido y especialmente de ternura maternal y filial asociadas en la belleza poética".

 

Carta de Arturo Frondizi a Marilina Rébora 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de la Vida (1975) -su cuarto libro, obra de maduración y afirmación poética- habría de ser la continuación de Los Días de los Días ya que prosigue esas confesiones íntimas de mujer, que constituyen el diario de un espíritu que vive minuto a minuto frente a sí mismo, pero mirando hacia el mundo para comprenderse y comprender el secreto de nuestra existencia, de la existencia humana. Posee la autora un instrumento afinado en percibir los cambiantes y a veces dolorosos matices de la existencia, en cristiana comunidad y en unión con las cosas que hacen a la vida en su permanente río que no se detiene. Quizá por ello haya en Tiempos de la Vida la misma melancolía, pero más comprensión, más afecto de comprensión. Y, tal vez, estimule más el acercamiento, el perdón. El sentido de las faltas propias -aunque no sean graves- evita los excesos del amor propio, ese sentimiento equivocado que separa a los seres y hasta lleva al tedio.

Tiempos de la Vida es un íntimo poemario de edificación espiritual. Y por eso, también, un libro de inducción religiosa. En cuanto entramos en la comunidad de amor que debe ser la sociedad, nos introducimos, casi sin percibirlo, en una emoción religiosa que hace la vida más sublime para alumbrarla de belleza, esa belleza que siempre da de sí la vida cuando se la vive con amor. Con eternidad de amor. Dice Castiñeira de Dios46 que "Marilina Rébora pertenece a una raza en extinción, la de los poetas religiosos, no tanto porque la vida actual lo determina, sino porque los poetas han expulsado el sentimiento de toda comunicación en verso -Octavio Paz hablaba de ‘este tiempo de la degradación del verso’-. Y, por supuesto, la fe, inclusive la fe en el hombre como criatura de Dios".

En Tiempos de la Vida volvemos a encontrar la depurada forma de Marilina Rébora: un verso que se desliza con la sencillez de la fluidez natural; todo logrado para la expresión de esta poesía íntima. El soneto clásico, movido por la emoción que debe contener, cobra nuevos diagramas con la misma libertad que ensayaron los creadores de esa rosa de poesía -desde Petrarca y da Pistoia, hasta los modernos españoles, y aquí, Banchs-. El verso se ajusta al tono silente, de labio a oído, para que triunfe siempre la expresión fiel:


"En tiempos de pequeña se llora fácilmente,
y de recién nacida, hasta útil es el llanto;
la fatiga o el sueño, el cortar de algún diente
suele ser la razón de lo que aflige tanto.

Más tarde, reprimendas son origen frecuente
del llorar de los niños o infantil desencanto;
un ligero castigo o un ínfimo accidente:
todo lo que a esa edad se epiloga con canto.

Después, mayores lágrimas se vierten sin remedio,
pero entonces va el alma, por otros vulnerada-
soledad, abandono, ingratitud o tedio-,
para llegar, por fin, a no llorar por nada
y, serenos los ojos, sufrir con entereza,
exacto el equilibrio, su infinita tristeza."

("Lágrimas", Tiempos de la Vida.)

En este libro abunda más universalidad en el significado de las ideas, ideas muy elaboradas que llegan a lo más profundo del lector, como en el soneto "No tengo qué decir", tal vez uno de los más logrados. Allí hay una confesión de algo que todos los escritores guardan, porque seguramente no se animan a expresarlo. Hondo en su proyección de clara y vital poesía, dice así:


"¡No tengo qué decir! ¿Y a quién le importa nada?
¿Quién detendrá los ojos en lo que aquí va escrito?
Tal vez, alguien que diga: -Esto es una pavada,
o alguno, perdonando: -Es bastante bonito.

Y me siento de nuevo en una encrucijada,
pues no aspiro a que lean como cumpliendo un rito
y, al pensar: -¿Seré yo, más bien, la equivocada?
de las indiferencias un tanto me desquito.

Que no sé si es que escribo porque desborda el alma,
por serenar la mente, por expresarme más,
para, en ratos de angustia, recuperar la calma,
o porque a veces pienso que Dios así lo quiere.
(Aunque también quisiera llegar a los demás
a través de la trémula emoción que no muere.)"

El que lea con detenimiento "Paz Interior" o "Soledad" ha de reconocer, con emoción, momentos clave de su existencia, en que ha vivido:

"Ignorando el tropel que redobla en la acera,
extraña a la vorágine que rige el universo..."

("Paz Interior", Tiempos de la Vida.)

Esta forma de escribir -con estremecimiento de cosa sentida- rememora los poetas jóvenes románticos, que tanta influencia tuvieran en la autora. No en vano termina el último soneto diciendo y dando la síntesis de toda la obra:


"Y si debo expresar el noble pensamiento,
lo escribiré al instante para que en otros viva.
(Aquí, siempre y ahora, leal a lo que siento.)"

("Hic et Nunc", Tiempos de la Vida.)

Su joven amor tiene además -como ya se ha comentado- la virtud de la poesía religiosa. Más mística que ritual. Su patético y original soneto "Las siete palabras" constituye una verdadera revelación en su forma y en su fondo. Con talento para expresarse, su fe y su imaginación la llevan a la plegaria y al éxtasis:

"Juegan sus vestiduras -así se satisfacen
los sórdidos instintos de los recios soldados-.
‘Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen’,
clama Jesús al Padre, los labios resecados.

‘Hoy estarás conmigo’, dice al Buen Ladrón.
Yacen, de su Cruz cada cuerpo, inermes, lacerados.
‘Mujer, he ahí tu Hijo’ (y las tinieblas nacen),
María y Magdalena, con Juan, arrodillados.

Y la cuarta palabra ruega: -‘¿Dios mío, por-
qué me has desamparado?’. ‘Tengo sed’, es la quinta;
y llevan una esponja con vinagre a su boca.
Después: -‘Cumplido está’, y en medio del horror
esta vez, estentórea, con inflexión distinta,
óyese la palabra postrer que a Dios invoca.

-‘Padre mío, en tus manos (ya retiembla la roca)
encomiendo mi espíritu’. Y expira el Redentor."

Alberto Prando47 afirma que "la composición de Tiempos de la Vida es sabia y armoniosamente concebida y desarrollada. De ahí su variedad dentro de la unidad; la síntesis en el relato del transcurso de una vida noble, sensible, espiritual, dolorosa y cristianamente resignada".

Toda la obra poética de Marilina Rébora, como dice el presbítero Carlos Cucchetti48: "abarca cuatro etapas que podrían encuadrarse en los versos de Keats: ‘Cuatro estaciones llenan la medida del año; son las cuatro estaciones en la mente del hombre’. Su primer libro de primavera Los Días de los Días, pleno de frescura. Libro de Estampas, recuerdos mágicos de viajes. El Río Azul, asombro ante el hijo y otoñal sosiego. Y finalmente Tiempos de la Vida, madura expresión vivida con ‘alma de adolescente’, como reza el soneto de Battistessa sobre el citado pensamiento de Keats. En cada una de estas etapas la autora dicta a la luz nuevos colores: mujer, esposa, madre y mística49. Sabe con intuición poética que el momento de la creación es el momento de la comunicación, descubriendo que la poesía no es un lujo de su espíritu, es una necesidad. Un solo soneto de Marilina Rébora bastaría para que reconociéramos íntegramente su naturaleza poética:

‘... exquisita criatura que afina todo idioma
     con espíritu y alma donde un ángel asoma...’

("Mujer", Tiempos de la Vida.)

"Ausente toda metáfora, resplandece milagroso el sentimiento. Las nostalgias, los reproches, enojos y paces son ‘flores marchitas entre página y página’. Pienso con Chesterton que las cosas que nunca sucedieron o que casi suceden son las que agrandan la mente. Y Marilina Rébora las crea como mujer sensible:

‘A la orilla del mar con ansiedad de olvido.
Hasta, acaso, querría no ser mujer ni hombre...

...Pero soy lo que soy, mujer, para mi pena...’

("A la orilla del mar...", Tiempos de la Vida.)

"Aun su misticismo-golondrina que anida en ‘Jamás de sus criaturas se desentiende Dios’, clama y ruega por el amor:

‘...porque el cielo es promesa, de nadie se ha olvidado.’

 "Poseedora de la llave de su arte, sabe con exactitud cuán trascendentes son las motivaciones que elaboran el cañamazo de sus poemas. Su versificación cuadra en la difícil métrica del soneto, marco de oro a su temperamento intenso. Destino, sin duda, de una auténtica poeta."

(La Prensa, 3 enero 1976.)

Su próximo libro de poemas -aunque el séptimo de su producción editada- es El Lagarto estaba harto (1986), poemas para niños. El libro lleva el prólogo de Antonio Requeni50, quien expresa: "En ‘El mundo poético infantil’, Fryda Schultz de Mantovani escribió algo que me parece muy cierto: ‘La riqueza de visión por la que el artista se distingue del hombre corriente consiste no tanto en lo que ha tenido el talento de adquirir como en lo que ha tenido la dicha de no perder’. Usted ha tenido la dicha de no perder el candor y la pureza de su visión de niña, por eso es poeta y, por lo tanto, capaz de reflejar en esos poemas ese estado de juego, de alegre recreación y ternura privativos de la infancia. Todos sus versos están impregnados de esos sentimientos, de esa felicidad, de esa magia".

Los dibujos que acompañan este libro son propios, ya que la poeta había estudiado dibujo con Ernesto Riccio, Vicente Puig y de la mano de su tía Susana Aguirre51.

 

Marilina Rébora: "El Lagarto estaba harto". Ilustración de la autora para su libro

 

 

 


 

 

 

 

 

 

En un reportaje realizado por María Esther Vázquez52 para La Nación, la poeta afirma: "El poema que más me gusta del libro es ‘El burrito glorioso’, porque da un testimonio. Pero los que más me divierten son ‘La hormiga Josefina Bonaparte’ y ‘El lagarto estaba harto’ que le da el título al libro", y dice así:

"El lagarto estaba triste
pues con él se hacían zapatos;
los sabios de la familia
todo se lo habían contado:
que su cuero se vendía
en los mercados más caros,
para fabricar carteras
y sobre todo calzado:
abuelos y bisabuelos
terminaron en zapatos.

El lagarto estaba triste.

El lagarto estaba harto."

 

4. La prosista y los aforismos. Su obra inédita


Marilina Rébora incursiona en la prosa, a través de los aforismos, en dos de sus obras: Las Confidencias (1977) y Animalerías (1980).

Dice Rafael de Diego53 en el prólogo de Las Confidencias: "Título original de tan primario. Esa es la intención que la ha llevado a ir dejando escritos ciertos secretos de los momentos cuando la mente, acaso el alma, se deja oír ante particulares situaciones de la vida o del propio espíritu. Momentos de ocio, de meditación, de concentración, en que uno se olvida de sí mismo para que algo se haga expresión.

"En este libro el estilo se ajusta a lo que debe ser la confidencia. Lectura agradable como el decir comunicativo de la persona amiga que nos transmite la intimidad del corazón confiado. Nada de claves, ni profundidades esotéricas, ni sueños extraños. Es el desahogo natural del que, desde su soledad, mira hacia la vida, viendo pasar las gentes, y, con bondad, nos advierte lo que está bajo la apariencia disimulada o engañosa."

Este libro muestra la penetración de la autora en lo más recóndito del alma humana, sus infinitos matices, vicisitudes, comportamiento, virtudes, vicios, alegrías, dolores, todo con certero enfoque psicológico. Esta prosa se transforma en una nueva poesía del pensamiento y del lenguaje. Estas "confidencias" constituyen un conjunto de hondas reflexiones con aire aforístico, fruto de la experiencia y del temperamento, pero totalmente despojadas de gravedad y suficiencia. Pensamientos que expresan las meditaciones de un espíritu sensible, que refleja el mundo y la vida en palabras que llevan la intimidad del alma. Bastan los siguientes ejemplos:

"Más difícil resulta ser generoso de tiempo y de sentimiento que de dinero."

"La mentira es el defecto más opuesto al perfeccionamiento del alma. La primera víctima de la mentira es  el mentiroso, que se engaña a sí mismo, sin saber un día cuál es la verdad."

"Es difícil persistir en la benevolencia, porque la gente pierde la consideración ante quien complace siempre."

"Nada más triste que la vida mediocre. Y, sin embargo, en eso se está."

"El respeto no debe dedicarse solamente a posiciones sociales, o altas jerarquías; nos lo debemos mutuamente, sea cual fuere nuestro lugar en la vida. Si no nos respetamos, es por falta de consideración."

"La gente se aferra al mundo, más por miedo a la muerte, que por amor a la vida."

"Cuando se echa una carta al buzón, parecería que con la carta se fuera un no sé qué de nosotros."

"Uno de los más tristes síntomas de nuestra época: la indiferencia -por cuanto la falta de interés hacia el prójimo es total."

"Negarse a sí mismo puede ser virtuoso; lo santo es aceptar que los demás nos nieguen sistemáticamente."

"Las mentes honestas han de luchar hasta consigo mismas, porque, aun sirviendo sinceramente a la verdad, se preguntan si, después de todo, están en lo cierto."

"¡Pobres los que hacen consistir la vida en efímera apariencia! Dan ganas de recetarles  anteojos para el alma."

"Cíclope, la noche nos mira con su ojo de luna llena."

"Cuando niña, creía que mirando el cielo intensamente los ojos se empapaban de azul."

"La niñita miedosa, en los anocheceres, para no quedarse sola, se quejaba de dolor en un dedo. La madre, que conocía el mal, para curarla, le ataba en el dedito una cinta pero mantenía la niña a su lado. Ante la soledad de la vida ¡cómo sentimos no tener quien nos ate la cintita del amoroso consuelo, quedando a nuestro lado!"54

Dice Ofelia Kovacci55 que "en Las Confidencias, Marilina Rébora reflexionó lúcidamente apoyada en un hondo sentimiento religioso: así, sobre la fe56 o sobre el justo valor de la fantasía y el afán de embellecer con ella la vida57; y lo hizo descarnadamente sobre la condición subordinada de la mujer58, o sobre hábitos, apariencias, debilidades".

Los seres y la trama sutil de sus relaciones son contemplados desde la doble perspectiva de la mujer creyente y de la madre, lo cual impregna a estas páginas de insoslayable ternura, un sentimiento que no elude, sin embargo, la ironía y la suave admonición. El tono cordial e íntimo es la feliz expresión de esa "naturalidad" certeramente elogiada en el prólogo59.

Animalerías nos pone en presencia, una vez más, de una escritora original, sensible y de fina espiritualidad. Constituye un hallazgo, comenzando por su título. Se dudará entre la fina captación que la autora realiza, con comparaciones hábilmente logradas, y la inteligencia que surge de un espíritu curioso y alerta del mundo que la rodea. Este libro sorprende e invita a la reflexión, sin dejar de deleitar, y refleja -a veces con sentida ironía- un humor sutil y una delicada fantasía. Desfila ante nuestros ojos un zoológico curioso y apasionante, bien que tierno y animado de cierto candor deliciosamente infantil60. De entrada nomás, constituye todo un acierto el prólogo que la autora realiza, ingenioso, feliz, rebosante de ternura y piedad, y hasta de una pizca de escepticismo. Dice Marilina Rébora61:

"Los animales avivan y enriquecen la imaginación más que las gentes. Hasta el más insignificante es distinto. Los humanos somos tan semejantes que, conocer a uno, basta para aburrirse -son tan iguales; por eso se ha dicho, todos son uno y lo mismo. Los irracionales -no tan irracionales- conservan, cada uno, personalidad de formas y fondo. Y son más entretenidos. Siempre sugieren algo más, y por el esfuerzo para entenderlos cultivan nuestra inteligencia. Y, sin darnos cuenta, solemos amarlos. Ciertas personas los prefieren a sus propios semejantes. Además son simbólicos, por eso cada Evangelista tiene su animal representativo y sus figuras llenan los escudos de armas, y las aves, sobre todo, intervienen en la vida de los santos y la suprema encarnación espiritual es la paloma que extiende sus alas sobre el lugar donde San Juan bautiza a Nuestro Señor."

Marilina Rébora describe cómo se desarrolló su agudo poder de observación en torno de los animales. En la parte final hace alusión al aforismo 13 de su libro Animalerías: "Cuando el hipopótamo abre sus fauces pensamos en la entrada del infierno".  Grabación de mayo de 1986.

Lo que sobresale en este libro es el agudo poder de observación de la autora.  Cada objeto contemplado, cada nombre murmurado, son el punto de partida de un ensueño y de un verso, son un movimiento lingüístico creador62. ¿Acaso no dijo Rilke (Cuadernos de Malte Laurids Brigge): "Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, hombres y cosas, hay que conocer los animales, sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecillas al abrirse por la mañana"?

Entre sus aforismos, Victoria Pueyrredon63 destaca algunos de los siguientes:


"El murciélago -experto fumador- regaló sus anillos de humo a la pantera, que supo aprovecharlos para su piel."

"¿Cómo harán los camellos cuando Dios les ordena pasar por el ojo de la aguja ?"

"La cebra es un caballito visto a la luz de una persiana entreabierta."

"La raya presenta revés y derecho."

"El martín pescador se nos presenta más como juego infantil que como ave alimentándose con pececillos."

"El carnero merino usa cuernos a manera de rodetes. ¿Será símbolo del estilo jónico?"

"Para los niños de antes, todos los renacuajos se llamaban Rin-Rin. Y el apellido de los ratones era Pérez."

"¿No nadar en contra de la corriente? ¿Acaso el salmón no regresa así a su altura natal? Suprema fidelidad a la cuna." 64

"Al ver navegar al majestuoso cisne blanco, extrañamos a Lohengrin. ‘Irá a buscarlo’ -pensamos." 65

"¿Patadas? La del avestruz, la del canguro, la de la jirafa, en las cuatro direcciones. La  del ingrato suele ser la más auténtica."

"El labio superior del camello es el cubretetera, acolchado y antiguo, de nuestra infancia."

"La hoja que cayó en la espalda de Sigfrido, al sumergirse en la sangre del dragón, nos recuerda que todos tenemos un punto vulnerable que resguardar."

"Deberíamos recordar más los ‘carneros de Panurgo’, por nuestra semejanza con ellos: vamos tras los otros, aunque sin saber siempre dónde."

"Las sardinas están envueltas en papel de plata."

Referente a Animalerías expresa José Bianco66: "No sólo revela amor a los animales, sino grandeza de alma en los humanos que tantas cosas descubren en ellos -en este caso, ganarse de alma a usted- e inteligencia, imaginación, gracia. ¡Cuántos conocimientos de todo orden demuestra! Por de pronto, de los Evangelios. Muy oportunas las citas de Marcos y de Lucas y muy exacta su observación de que no le hacen justicia al asno y al buey. Los aforismos están llenos de ingenio y de ternura".

 

Carta de José Bianco a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Requeni67 afirma: "Algunos aforismos -muchos- son, por otra parte, envidiables hallazgos poéticos, pues participan a menudo del juego de la imaginación y la metáfora, y siempre del sentimiento". Perspectiva a la que adhieren Horacio Castillo68, al mencionar "el ingenio de la obra y su delicada inteligencia", y Jorge Calvetti69 al decir que los poemas "revelan una mirada agudísima, tierna, cariñosa; también sentido del humor (el humor de buena ley es siempre inteligente) y una gran delicadeza de alma".

Carta de Antonio Requeni a Marilina Rébora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ernesto Schoo70 señala que "el aforismo no es un género cultivado a menudo entre nosotros -excepciones notables han sido Fernández Moreno (‘La mariposa y la viga’) y, por descontado, Gómez de la Serna, maestro de la greguería. Esto hace doblemente valioso este libro, pariente cercano del ‘Bestiario’ de Apollinaire y del ‘Gaspard de la Nuit’ de Aloysius Bertrand".

Como dijéramos precedentemente, Marilina Rébora -fallecida el 19 de septiembre de 1999- dejó más de veinte obras inéditas en los siguientes géneros: soneto, aforismos, poesía desnuda, poesía infantil, cuento y una novela. A lo que se debe agregar un Evangelio del Nuevo Testamento en verso. Merece destacarse -sin embargo- su afinidad por los versos para niños.


5. La pasión en la obra de la autora

Castex71, en su Tesis La pasión como circunstancia eximente, atenuante o agravante de culpabilidad en el derecho penal canónico y comparado, analiza detenidamente el concepto de pasión.

En el Diccionario de la Lengua Española72, la palabra pasión implica cualquier perturbación o afecto desordenado del ánimo (5a. acepción) y apetito o afición vehemente a una cosa (7a. acepción).

J. Casares, en su Diccionario Ideológico de la Lengua Española, asocia en primera agrupación a pasión con los términos: vicio, sentimiento, emoción, amor, aborrecimiento, ira, temor, deseo, afición, excitación73.

La passion -Leidenschaft en alemán- sería para los psicólogos franceses una potente inclinación, estable y duradera, que puede devenir tiránica, que domina la razón y ordena la conducta. T. Ribot74 dice que la pasión es a la afectividad, lo que la idea fija al pensamiento. En otras palabras, para este autor la pasión polariza al individuo sobre un único objeto y le hace descartar el resto.

En Las Confidencias dice Marilina Rébora75 respecto de la pasión: "La pasión comete más injusticias que la arbitrariedad, bien que la arbitrariedad, si no procede por interés, sea el producto de la pasión", para agregar luego: "En las naturalezas apasionadas, siempre impulsivas, son frecuentes y pronunciados los cambios de humor, desde el propenso a sacrificarse, hasta el favorable a la explosión violenta por pequeñeces".

En Marilina Rébora hay por de pronto un sentimiento y una emoción que fluyen de su hermosa poesía en cada uno de sus libros. El amor, tantas veces repetido, la inquietud y la melancolía que destilan sus sonetos, sobre todo en Los Días de los Días y Tiempos de la Vida, en íntima intensidad expresiva, vuelcan hacia el mundo su materia invocada y reveladora, con un deseo de contener y expresar el drama de la existencia con libre intención significativa. Y esto es pasión, que se ha ejemplificado -en sus distintos matices- en los sonetos escogidos. Será menester tomar un último ejemplo, para lo cual recurriremos a una de sus poesías inéditas, que se titula "Diría que lo quiero", escrita en enero de 1981:

"Diría que lo quiero,
aunque el mundo se opone,
la gente condena
y está vedado por eso que llaman equilibrio.

Diría que lo quiero,
si pudiera romper las ataduras:
respeto -el que me inspira-;
miedo de que la voz resuene en eco;
pudor en que mi pobre discurrir mueva a piedad su espíritu de luz. 
                                                                                               
Diría que lo quiero,
pese a ese límite impuesto por los hombres;
ley de lo que se debe o no se debe,
frontera imposible.
Y si la traspasara,
¿no entrevería, tal vez, esplendente aurora de vida nueva?
¿No alcanzaría, al fin, la estrella que alumbra mis noches,
a cuya claridad no oso revelarme?
¿No me acunaría ¡loado sea Dios!
el ángel de mis sueños,
ése que me falta para hermanarse con el mío?
¿No conseguiría el azul sin mácula,
mi cielo -cielo mío y suyo-,
el que Dios nos promete
allá cuando cantemos
el Himno a Su Gloria?

Diría que lo quiero,
ante todos los árbitros;
a gritos, tras la reja,
noche o día, siempre auténtica.
El, él, siempre él.
Recorre a mi lado senderos lejanos;
prueba conmigo el pan que llevo a mi boca
con unción casi eucarística
y aspira, al mismo tiempo que yo,
el aroma de la flor
que abre en mi balcón -a fuerza de creársela.
Y, al despertar de las mañanas,
me inunda, como cuando niña,
disipado el pavor de la triste noche solitaria
-aquel de que mis padres hubieran podido no estar ya a mi
lado-
la alegría de saberlo conmigo.

Diría que lo quiero,
en el caminito que arrulla a la hormiga mientras columpia
su carga;
en el temblor leve del ala de la mariposa;
en el casto perfil de la luna nueva;
en el haz de luz que cuela por el postigo;
en la ranita del estanque, que no habla y me comprende.

Diría que lo quiero,
simplemente.
Rindo humilde testimonio -amor que me redime:
de rodillas digo que lo quiero.
Aunque no me siento digna."


Su manera literaria se ciñe rigurosamente a la norma estética que exige Rafael de Diego cuando dice: "El arte debe traducirse en expresión accesible". Y así se erige toda su obra, tras el vuelo lírico de sus ideas, la gracia arrobadora de sus imágenes, la riqueza entrañable de sus sentimientos y el vigor exultante de su espíritu. Y todo ello, con esa sinceridad que le hace decir a Rubén Darío: "de desnuda que está brilla la estrella", envuelto en una atmósfera tan idealista y pura, que pareciera que se percibe, en su mundo subjetivo, el latido ondulante de su propio corazón.

Quizá Miguel de Unamuno hubiera podido descifrar bien el alma de Marilina Rébora. Recurrí a sus obras y me encontré con estos párrafos76: "El misterio es para cada uno de nosotros un secreto. Dios planta un secreto en el alma de cada uno de los hombres, y tanto más hondamente cuánto más quiera a cada hombre; es decir, cuánto más hombre le haga. Y para plantarlo nos labra el alma con la afilada laya de la tribulación".

Y después, recordando la parábola del sembrador, agrega: "Hay hombre a quien el secreto de su vida le cae por fuera, al camino de ella, y se lo devoran las aves; a otro le cae en corazón pedregoso y no tribulado ni arado por el dolor, y le brota, pero el sol se lo quema; a otro se le ahoga en mil divertimentos y expansiones; y sólo a muy pocos se le adentra y hecha raíces, y las raíces, tallo, el tallo hojas, flores y, por fin, frutos".

Unamuno escribió ese ensayo sabiendo que el secreto de la vida iba a fructificar en las almas como la de Marilina Rébora. Por eso ha legado esa obra que nadie podrá leer sino con verdadero respeto.

Marilina Rébora es un poeta solitario. "Es uno que ha tenido a la soledad por cabecera y ha llamado hermana a una estrella. Solitario. Pero la soledad puede ser una comunión." En ella ha sido la comunión del ensueño, el sentimiento y la belleza.

 

Referencias Bibliográficas y Notas

1. Equipo de Redacción PAL. Diccionario de psicología. Ediciones Orbis S.A., Barcelona, 1985.
2. Shua AM, Steimberg A. Antología del amor apasionado. Alfaguara, Buenos Aires, 1999.
3. Rébora M. Libro de Estampas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1972.
4. Peri Rossi C. Las Musas Inquietantes, Editorial Lumen, Barcelona, 1999.
5. Aforismo inédito de Marilina Rébora.
6. Downes E. Aventuras con la música sinfónica. Santiago Rueda - Editor. Buenos Aires, 1947.
7. Fustinoni JC. Estudio psicopatológico de los personajes en la ópera. Tesis Doctoral en Medicina, Buenos Aires, 1995. Premio Facultad de Ciencias Médicas (U.B.A.) 1996.
8. Fustinoni JC. "La pasión en la ópera". Anales de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, Buenos Aires, 1999.
9. Storni A. Antología poética. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1956.
10. Ibarbourou J de. Antología. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1972.
11. Mistral G. Tala. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1946.
12. Por sus producciones jurídicas, de elevado mérito científico, mereció, en 1905, el Premio "Vélez Sarsfield", y en 1932, el Primer Premio Nacional de Ciencias, que es el galardón intelectual de más alta jerarquía que otorga la República. Fue Profesor de Derecho Civil en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de La Plata. Presidió la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Falleció el 7 de noviembre de 1964. De sus tres centenares de publicaciones se destacan: La familia -2 volúmenes- (1926), Derecho de las sucesiones -2 tomos- (1932) e Instituciones de la familia -4 tomos- (1945). Se ha cumplido el 10 de julio de 2000 el 120º aniversario de su natalicio (1880-2000).
13. Linares Quintana SV. Juan Carlos Rébora, hombre de la constitución. Anticipo de "Anales" de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, año XXIV, segunda época, número 17, 1980.
14. Entre la producción inédita de Marilina Rébora se halla el soneto titulado "Alfonsina Storni" (Mar del Plata, 4 de febrero de 1976). Dice así: "Entre un romper de olas descubro el monumento / de la que fue poeta y ante todo mujer. /  La luz va declinando en apagarse lento /  y ya en el horizonte muere el atardecer. /  Como dulce canción me llegan con el viento /  las palabras de otrora, recuerdos del ayer, /  y todo cobra vida, mágico, en un momento, /  igual que si de nuevo hoy la volviera a ver. /  Me encuentro allá en la infancia junto a ella sentada, / personaje irreal para mi ingenuo asombro, /  que apenas a nombrarla me resuelvo: ‘Alfonsina!’ /  A mi débil susurro responde embelesada, /  acercando -amorosa- mi cabeza a su hombro: /  ‘Y tú eres Marilina y serás Marilina!’"
15. Ante el féretro de Don Pedro B. Palacios (Almafuerte), el 7 de marzo de 1917, Juan Carlos Rébora expresó: "Moralista exasperado, tanto como docente advertido, sabía apretarse el corazón para decir lo que pensaba; pero era el primero en declarar que la aptitud para decirlo sólo se conquistaba después de haber meditado cien veces cien días". En El Diario, Buenos Aires, edición del 8 de marzo de 1917.
En vísperas de la edición de las obras completas de Almafuerte, según una ley del Congreso que encomendó dicha edición a la Universidad de La Plata, el Dr. Rébora disertó -en calidad de Presidente- en el Jockey Club de La Plata, el 7 de julio de 1939.
16. Rafael de Diego (1891-1982) fue el maestro de Marilina Rébora y prologó dos de sus libros: "El Río Azul" y "Las Confidencias". Ha dejado una importante obra literaria.
17. En dicho retrato se la ve a Marilina Rébora a la corta edad de 8 años con el pelo lacio, la raya al medio, flequillo y una melena muy corta (justo el tipo de figuras que pintaba siempre la artista). Norah Borges llegaría a encariñarse con el tiempo con la niña y futura poeta.
Del año 1927 data asimismo un retrato que le hiciera a Marilina Rébora, Susana Bombal (firmado Guita), con quien la unió una gran amistad. A propósito de "Los días de los días" -y de los años de la infancia- refiere lo siguiente: "Tus poemas me han llevado a Junín, ‘a sus leones en los escudos, a su fuente, a sus mandarinas de oro’ y también (en el jardín del Tigre) a una visión muy fugaz pero imperecedera, con Manucho (Mujica Lainez) de unos ocho años, vestido con traje de marinero y tal vez rimando sus primeros versos, junto al cerco. No dudo que lo inspirarían ‘las ojivas flamígeras y los nostálgicos jazmines’". Debe comentarse que en la calle Junín 1460 de la ciudad de Buenos Aires se situaba la casa -hoy desaparecida- que habitara Marilina Rébora, en sus años de la infancia. Este dato fue obtenido de una carta que el Dr. Juan Carlos Rébora enviara a Macedonio Fernández, el 5 de noviembre de 1928, con motivo de haberle remitido el destacado hombre de letras su libro de metafísica No toda es vigilia la de los ojos abiertos. (Carta de Adolfo de Obieta a Juan Carlos Fustinoni, Buenos Aires, 3 de abril de 2001.) Marilina Rébora describe en verso la casa de la calle Junín: "La casa señorial de magnas proporciones: / esbeltos ventanales, tres puertas en el frente / de claro estilo Tudor; y a falta de balcones, / poética terraza y el canto de una fuente. / Techos artesonados, chimeneas, leones / ornando los escudos en tono diferente; / al encresparse el fuego delineaba festones / en el recio reborde y en el marco saliente. / Un extendido hall, imponente en su altura, / con mosaico geométrico, de alterno negro y blanco; / escalera de piedra, muy lisa, verde, oscura; / habitaciones amplias; en el fondo un jardín / con mandarinas de oro, de vez en vez un banco, / y otra fuente en el centro con chorro saltarín". ("Los días de los días", página 43.)
18. Marilina Rébora custodiaba muy celosamente interesantes manuscritos que Horacio Quiroga enviara a sus padres en los años 1929, 1932 (desde Misiones) y 1934. Describió a Horacio Quiroga de la siguiente manera: "Quiroga era muy tierno a pesar de lo tosco que parecía con su barba cuadrada. Pero los ojos tan azules y la sonrisa tan dulce hacían que uno se sintiera cómodo y atraído hacia él, que era muy afectuoso". (Reportaje realizado por María Esther Vázquez a Marilina Rébora en el Diario La Nación -Suplemento Letras / Artes / Ciencia / Filosofía / Historia / Bibliografía, página 2-, el 1º de junio de 1986. Ver luego.) La poeta dedica un soneto a Cuentos de la Selva en su libro "Los Días de los Días" y hace mención a la abeja haragana en "El Lagarto estaba harto".
19. Existe un poema inédito de Marilina Rébora titulado Darío y Eglé Quiroga que dice así: "A mi casa venían Eglé y Darío Quiroga; / ambos hijos de Horacio -en tiempos de su boga-. / Eglé, tan sugestiva boina de terciopelo, / sonriente y enmarcada dentro el ondeado pelo. / Poco se oía la voz de Darío, callado- / aunque también risueño,  crecido y
desgarbado. / Frecuente su visita -la radio lo atraía-, / en calce de teléfonos lo veo todavía. / Ninguno de los dos se asemejaba al padre, / la mirada tan triste, tal vez su ausente madre... / y los cabellos claros, cenizas de oro viejo, / discrepaban también de un posible cotejo. / Fatalismo inhuíble. ¡Ah, la triste partida! / Los dos -como sus padres- renunciaron la vida". Cabe destacar que era la época de la radio a galena, y que tanto Darío y Eglé -como sus padres- se suicidaron.
20. En el discurso que pronunciara Don Ricardo Rojas el 18 de agosto de 1941, en ocasión de agasajarse al doctor Juan Carlos Rébora con motivo de haber finalizado su mandato al frente de la Universidad de La Plata, expresó: "La circular para el banquete declaró que lo realizábamos con ocasión de haber concluido el doctor Rébora su período rectoral en la Universidad de La Plata. Grande honor, desde luego, es el haber ocupado con dignidad el puesto que ilustró Joaquín V. González, y plausible ventura el haber alcanzado el término legal de su mandato, dejando la dirección de la casa al doctor Alfredo L. Palacios, otro maestro no menos digno de tan alta función".
Agregó Rojas posteriormente: "El doctor Rébora estudió las palabras de su código en función de realidades sociales, de procesos históricos y de más íntimas vivencias humanas. Aunque por razones de método para llegar al conocimiento aislamos las formas, él sabe que no hay fenómenos aislados, y alumbra su temática de especialista a la luz de la historia, la sociología, la economía, la moral y el derecho comparado. Por eso el doctor Rébora es un jurisconsulto con amplitud de visión no frecuente entre nosotros. Maestro de ideas claras y formas elegantes, su trabajo oral en el aula y su labor escrita en numerosos libros, dan fe de esos atributos superiores". La Ley, Buenos Aires, 1941. (Atención del Sr. Académico Dr. Horacio Castillo.)
21. Rébora M. Imágenes de Salta (I. Señor de los Milagros, II. La Procesión). Diario El Tribuno, Salta, 23 de noviembre de 1968.
22. Estrella Gutiérrez F. "Carta a Marilina Rébora". Presentación del libro Los Días de los Días, páginas 7-8, Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1969.
23. En "Infancia", uno de los sonetos se titula "El General Aguirre" (1861-1931) y alude al abuelo de la poeta, que fuera Ministro de Guerra de José Figueroa Alcorta (1907), Diputado Nacional por Mendoza y Convencional en la Asamblea que sancionó para dicha provincia la Constitución promulgada en 1916. Manuel Mujica Lainez lo describe así: "Lo evoco, siendo yo adolescente, en su almenada quinta del Tigre que no existe ya, y que elevaba en la calle Cazón, frente al río de la Reconquista, su traza ojival de castillo romántico. Yo iba a visitarlo allí, y el general -aguzada la barba, maliciosos los ojos, levemente ladeada la cabeza- condescendía a caminar conmigo por los perfumados senderos de la propiedad, mientras me narraba episodios de la patria vieja". (Mujica Lainez M. Los porteños. Ediciones Librería La Ciudad. Buenos Aires, 1979.) La Escuela Nacional Nº 59 de la provincia de Mendoza (donada por el Sr. José Roger Balet) lleva el nombre "Teniente General Rafael M. Aguirre". En el acto de inauguración, el 22 de mayo de 1943, hizo uso de la palabra el Sr. Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, Dr. Juan Carlos Rébora. Se ha cumplido el 17 de febrero de 2001, el 70º aniversario de su fallecimiento.
24. Soulas MF. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 16 de noviembre de 1969.
25. Le Musset des Jeunes Filles, page 87. Bibliotheque des "Annales Politiques et Littéraires", Paris, 1907.
26. Comentario del libro "Los Días de los Días", Diario Clarín, 18 de diciembre de 1969.
27. Peroncini H. Comentario del libro "Los Días de los Días", Diario La Prensa, 8 de febrero de 1970.
28. Mujica Lainez M. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 22 de octubre de 1969. Este mismo sentimiento rescata Córdova Iturburu al expresar: "La simplicidad coloquial del idioma con que usted ha logrado dar forma a sus humanas emociones y el clima de intimidad emotiva que fluye de sus palabras es admirable". (Córdova Iturburu C. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 1º de diciembre de 1969.)
29. El 2 de diciembre de 1980, Mujica Lainez escribe -desde "El Paraíso"- a Marilina Rébora lo siguiente: "Demasiado sabes
los sentimientos que me unían a tu tía Susana, de modo que me encantó poseer un texto que me permitiría agregar su nombre a la lista de mi libro de recuerdos. Si alguna vez llegas a ‘El Paraíso’ disfrutarás de un cuarto de huéspedes -el ‘cuarto rosa’- al cual decoran catorce obras de Susana Aguirre, y en el que figura un solo retrato : el suyo, pintado en París, con el Hotel de Sens por fondo". Por otra parte, Mujica Lainez incluye una semblanza de Susana Aguirre (1897-1961) en su libro Los porteños, anteriormente mencionado, que dice así: "A Susana Aguirre, que murió el 9 de julio de 1961, la he conocido desde que nací. Vuelvo los ojos hacia atrás, en el tiempo, y encuentro siempre su sonrisa cordial, su entusiasmo, su invencible dinamismo".
Prosigue Mujica Lainez: "Buenos Aires le debe a Susana Aguirre una dimensión nueva. Nadie ha captado hasta ahora,
con espíritu tan personal, la fascinación del escenario porteño que poco a poco desaparece. Un Buenos Aires que declina -el de las casonas del barrio Sur, el de los patios con aljibes, jaulas y macetones, el de las rejas y los adornos debidos a los albañiles italianos de fin de siglo- tiene en los temples de Susana un testimonio que perdurará. Merced a ella, los resabios coloniales y la gracia del ‘Art Nouveau’ ocupan, dentro de la pintura argentina actual, un lugar hermoso y raro. En este sitio, el misterio y el candor se encuentran y conviven; allí, el arte, afinándose paradójicamente, recupera su pureza inicial, su capacidad de hablar para todos, directamente, en un lenguaje que torna simple lo mágico. Buenos Aires participa así de la realidad y del sueño". 
Concluye Mujica Lainez: "Los martes, Ricardo González Benegas, Héctor Basaldúa, el poeta Guillermo Whitelow y yo,
almorzábamos, con otros amigos, en el simpático departamento de Susana, ubicado en la esquina de Paraná y Arenales. De esos almuerzos ha quedado el testimonio plástico en un diseño de Basaldúa. Desfilaron por aquella casa nuestros artistas y escritores más notables y varios extranjeros famosos. Me acuerdo ahora del célebre Georges Mathieu, el maestro del ‘tachismo’, echado de bruces sobre la alfombra y dibujando en el suelo. Y los días martes, Susana nos mostraba los últimos frutos de su cosecha pictórica: los delicados azules, los suaves rosas, los verdes felices, combinados en el lirismo arquitectónico. Así crecía una obra que nos reitera que quienes se quejan siempre de la fealdad de Buenos Aires y de la necesidad imprescindible que sienten, para realizarse, de radicarse en Francia, en Italia o en España, son víctimas de una ceguera singular. No ven... No ven que debajo de Buenos Aires, hay otra ciudad secreta y prodigiosa. Y que hay que salir a ganarla para el arte, a salvarla para alegría del alma y de los ojos, porque se va, se va... Pero para ello, para recobrar y exaltar a Buenos Aires, es menester actuar como actuó Susana Aguirre, con una sinceridad y una inocencia que sólo los niños y los verdaderos poetas poseen, una inocencia y una sinceridad que operan como filtros de amor".
El 25 de noviembre de 1980, Marilina Rébora escribe a Manuel Mujica Lainez: "Cuando terminé de leer ‘Los Porteños’
me quedé como si me hubieran quitado algo. No era, ni la colección de arte de Juan Cruz Varela, ni las mariposas del Perito Moreno, ni las casitas de Susana -ya que éstas son mías-.  
"Eras tú con tu decir de maravilla, tus palabras dispuestas siempre con más gracia, elegidas con más brillo, en la tournure perfecta. Es deleitable leerte y un asombro comprobar que tal maestría nada tiene que ver con la lectura ardua e ininteligible."
Prosigue Marilina Rébora: "Cuando me vi frente al ‘Mundo poético de Susana Aguirre’ mi corazón se detuvo, para
recomenzar en agitado ritmo ansiando saber: ¿Qué dirá? ¿Cuánto? ¿Cómo...? Y llegar pronto al final, lo mismo que cuando chica leía un cuento de hadas. Es precioso.
"No sé si ella -como Victoria Ocampo- te habrá dicho un día: ‘Te quiero mucho’, pero yo vi más de una vez sus ojos
tiernamente húmedos al hablarme de ti."
Finaliza la poeta: "Si me limitara a darte las gracias -como debo- por esta demostración tuya, y el
recuerdo para mis abuelos, no estaría mal, pero es lindo que sepas que ‘Los Porteños’ está sobre la mesa de nuestro living y no hay joven de 20 o 30 años -la edad de mis hijos- que venga a esta casa, a quien no le digan orgullosos: ‘¡Me vas a hablar de Manucho! ¡Mirá lo que escribió sobre la Abuelita Susy!".
30. Canal-Feijóo B. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 22 de abril de 1970.
31. Nalé Roxlo C. Carta a Marilina Rébora, s/f.
32. Romero JL. Carta a Marilina Rébora, Adrogué, 27 de noviembre de 1969.
33. En la época en que Marilina Rébora escribiera el soneto "Manuelita Rosas", Mujica Lainez se hallaba pronto a comenzar la traducción de "Phèdre" de Racine en versos alejandrinos. (Carta de Mujica Lainez a la poeta, desde "El Paraíso", el 23 de diciembre de 1970.) Es interesante destacar que, en un reportaje realizado y frente a la pregunta: "Si se produjera un repentino incendio en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes y usted pudiera salvar una sola obra, ¿cuál salvaría?", Mujica Lainez expresó: "Si un incendio se declarara súbitamente en el Museo Nacional de Bellas Artes (Dios no lo quiera)... Si algunos escritores, críticos, artistas y ‘gente’ allí encerrados echáramos a correr entre el humo... Si fuera posible que, además de salvar mi vida y acaso de contribuir a salvar la de algún otro, yo pudiera salvar un cuadro... Si mis fuerzas alcanzaran para cargar con la ‘Manuelita Rosas’ de Prilidiano Pueyrredón... Si se cumplieran todas estas condiciones... No hay duda de que, pudiendo elegir entre tantas y tantas pinturas célebres y mediocres, linajudas y dudosas, yo escogería a Misia Manuelita. Y no se piense que un descendiente de Florencio Varela lo haría por devoción póstuma a la familia del tirano; ni se piense tampoco que prefiero Pueyrredón a Goya, a Manet o a Modigliani. Lo que sucede es que el gran óleo de Prilidiano puede considerarse, en cierto modo, como un símbolo tradicional de la pintura argentina, y a lo que yo estaría tratando de salvar entonces es a la pintura argentina. Al perder ese retrato en las llamas, perderíamos algo -para nosotros- irreemplazable. En los demás museos del mundo, otros Modiglianis sustituirían a los nuestros sobradamente. Y otros Goyas, por descontado. Pero al retrato de la hija de Rosas por el hijo de Pueyrredón nada lo sustituiría en la romántica modestia de nuestro legado artístico. Por eso iría yo, tosiendo a través de la humareda, abrasado al ancho vestido rojo, arrastrando a la ‘angelical’, por la cual siento tan poca simpatía, hacia la puerta del Museo..." (La Nación, 1º de septiembre de 1963.)
34. Canal-Feijóo B. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 13 de diciembre de 1972.
35. Nota de la autora que figura en la parte inferior de la página 112 de Libro de Estampas y hace referencia al soneto "Mater".
36. Débole CA. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 9 de julio de 1972. A este concepto adhiere Koremblit quien afirma: "Es un libro cuyo intenso contenido poético penetra subjetivamente en la objetiva descripción. La sensibilidad y el talento poético de la autora son puestos a prueba -victoriosamente- en la difícil conjunción que es esa simbiosis de aquello que los ojos han visto y el espíritu ha percibido". (Koremblit BE. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 30 de junio de 1972.)
37. Estrella Gutiérrez F. Cartas a Marilina Rébora, Buenos Aires, 9 de julio de 1972 y 5 de diciembre de 1973.
38. Diego R de. Prólogo del libro El Río Azul, páginas 7-11. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1975.
39. Estrella Gutiérrez F. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 27 de mayo de 1975.
40. Rivas A. Comentario del libro "El Río Azul", Diario La Prensa, 15 de junio de 1975.
41. Rébora M. El Río Azul, Editorial Losada, Buenos Aires, 1975.
42. Bachelard G. "El cielo azul". El aire y los sueños, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1958.
43. Victoria M. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 31 de mayo de 1975.
44. Frondizi A. Carta a Marilina Rébora, Buenos Aires, 22 de marzo de 1989.
45. Biagioni A. Comunicación personal, Buenos Aires, 29 de enero de 2000.
46. Castiñeira de Dios JM. Comunicación personal, Buenos Aires, 6 de febrero de 2000.
47. Prando A. Carta a Marilina Rébora. Buenos Aires, 9 de febrero de 1976.
48. Cucchetti C. Comentario del libro "Tiempos de la Vida". Diario La Prensa, 3 de enero de 1976.
49. En referencia a la obra poética de Marilina Rébora, expresa Ofelia Kovacci -a la sazón Presidenta de la Academia Argentina de Letras- lo siguiente: "Marilina Rébora nos entrega en sus páginas, con palabras límpidas, despojadas de grandilocuencia pero impregnadas de sensibilidad, testimonios de episodios, de certezas y dudas de una vida intensamente vivida, transmutados en materia lírica: forma sustituta de una realidad imposible (‘acaba el día/ sin haber de los hombros las alas desplegado.../ Yo que hubiera querido vivirlo en poesía!’, Los días de los días)".
 
Prosigue Ofelia Kovacci: "La unidad de estos poemarios se inicia con su primer libro; así, algunos temas encadenados: la memoria de la propia infancia, de momentos que prefiguran