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"El ser humano es capaz de reír, de llorar, de saber que morirá y de amar apasionadamente. A tal punto esa capacidad lo define, que el amor, como la muerte, es parte de la esencia misma de la literatura universal. No hay canto épico, obra de poeta contemporáneo, novela, colección de cuentos de cualquier época o cultura donde el amor apasionado no se apodere al menos de una parte del texto." Así se expresan Shua y Steimberg2 en el prólogo de Antología del amor apasionado. Allí citan como ejemplos de pasión en las letras -entre otros- el Soneto XVIII de William Shakespeare; El cantar de los cantares, de la Biblia de Jerusalén ; Odio y amo, poema de Catulo; Otra estirpe, poema de Delmira Agustini; El Pescador y su Alma, cuento de Oscar Wilde; Los restos del día, de Kazuo Ishiguro; Quinta Jornada, novela sexta del Decamerón de Giovanni Boccaccio; María, de Jorge Isaacs; Berenice, cuento de Edgar Allan Poe; La educación sentimental, de Gustave Flaubert; Lolita, de Vladimir Nabokov; El amigo de la muerte, de Pedro de Alarcón; La vida está en otra parte, de Milan Kundera. Otros ejemplos -no mencionados por esas autoras- están dados por Hamlet y Romeo y Julieta, de Shakespeare; La Divina Comedia, de Dante Alighieri; Eugenio Onieguin, de Pushkin; Del amor y Armancia, de Stendahl; Zibaldone dei pensieri, de Leopardi; Hyperion, de Hölderlin; Atala, de Chateaubriand; Ultimas cartas de Jacobo Ortis, de Foscolo; Penthesilea, de von Kleist; Oda a una urna griega, de Keats; Las flores del mal, de Baudelaire. La pasión la vuelcan en sus pinturas numerosos artistas. Bastan para ello unos pocos ejemplos. El Cristo de Velásquez; La Piedad de Avignon de Enguerrand Charonton, que enmudece por el silencio de la escena toda angustia; La encajera de Vermeer, de una íntima dulzura de amoroso interior; El nacimiento de Venus de Botticelli, inocencia que nace desnuda antes del pecado, hasta ajena al amor; Retrato de viejo y nieto de Ghirlandaio (difícil encontrar otra expresión más cierta del afecto de abuelo y nieto; acaso el pintor trata de ridiculizar al anciano para que se ponga más atención a la verdad del sentimiento); El cambista y su mujer de Quentin Metsys, poesía del color del Maestro de Amberes3. Y entre tantísimos más, un último ejemplo: Tormenta de nieve de Turner, y al decir del poema de Peri Rossi: "El mar gira, redondo como un vértigo de espuma... En el círculo de las aguas absorbentes Uno es todo y todo es lo mismo, fuerza que enciende y quema."4 La pasión la plasman en sus obras diversos escultores: Rodin, Carpeaux, Miguel Angel, Donatello, Bernini, Benvenuto Cellini. Respecto de este último, "la exhibición que hace Perseo de la cabeza de Medusa es sólo comparable con la que realizaron los revolucionarios franceses con la de la Princesa de Lamballe, clavada en una pica, frente a las habitaciones de María Antonieta"5. La pasión abunda en el músico al componer sus obras6. El artista que sufre -llámese Mozart, Beethoven, Schubert, Berlioz, Schumann, Mahler, Tchaikovsky- nos legó sus creaciones. Los compositores enamorados, víctimas del infortunio en el amor -Beethoven, Schumann, Tchaikovsky, Wagner, Schoenberg, Berg-, han creado bajo el tedio de la felicidad. La pasión la experimentan los personajes en el drama y en la ópera: Otello y Desdémona, en Otello de Verdi y en la ópera de Rossini; Werther, en la ópera de Massenet; Tristán, en Tristán e Isolda de Wagner; Madama Butterfly, en la ópera de Puccini; Katia Kabanova, en la ópera de Janácek; Don José, en Carmen de Bizet; Pélleas et Mélisande, en la ópera de Débussy; Wozzeck, en la ópera de Berg, entre tantos ejemplos más7, 8. La poesía -manifestación de arte supremo literario- no ha quedado al margen, como ya hemos mencionado, y en un sinnúmero de poemas de la obra de Alfonsina Storni9, Juana de Ibarbourou10, Gabriela Mistral11 y Marilina Rébora abunda la pasión. Nos ocuparemos específicamente de la pasión en la obra de esta última.
1. La poeta y su poesía. Los comienzos Marilina Rébora aparece en 1969 con Los Días de los Días, donde revela una definida personalidad poética que irá cristalizando a lo largo de una corta carrera de muy fecunda producción. Supo sentir el amor de la belleza moral que exalta y dirige al espíritu, condición esencial del arte, que ajusta su instrumento para que responda a la mente que va destilando en vigilia mágica ese impresionismo de poesía intacta. Unico arte que obedece a la intención de los grandes poetas modernos, sostenedores de las formas responsables, sujetas a número y pulso. Lo que le otorga mayor unicidad es que en su obra la palabra musical, el verso orgánico, expresa las emociones que despierta el espectáculo de los seres y de las cosas del mundo -gentes, obras- con una precisión inédita, dándonos para siempre imágenes en acabado renacentismo de línea, color y volumen; y donde el tono -o cada sílaba- está en lugar indistinto a ejemplo de la técnica de un mosaico bizantino, o de vitrales que relucen transparentes porque se muestran sobre la luz con la que vibran luminosos. Marilina Rébora nació en Buenos Aires el 7 de enero de 1919 en el seno de un hogar prestigioso. Hija de Juan Carlos Rébora y de María Celina Aguirre; su padre, además de haber sido uno de los jurisconsultos más sobresalientes que ha tenido el país12, desempeñó, con dignidad y talento, importantes funciones públicas. Fue, en efecto, Presidente de la Universidad de La Plata, Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación y Embajador de nuestra República ante Francia. Ejerció con plenitud y sin claudicaciones la profesión de hombre ; porque -empleando conceptos y terminología suyos- era Hombre, Hombre y vivió para la Patria, Patria13. Marilina Rébora rápidamente se compenetraría desde pequeña de los efluvios de la cultura, cuando frecuentaban su casa los amigos de su padre y de su infancia: Alfonsina Storni -que la sentaba en su regazo-14, Arturo Capdevila, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)15, Leopoldo Lugones, Rafael Alberto Arrieta, Rafael de Diego16, Norah Borges -que le hiciera un retrato en 1927 titulado Marilina con una naranja en la mano17-,.Horacio Quiroga18 y sus hijos Darío y Eglé19, Ricardo Rojas20, entre otros, y al decir de sus palabras:
"En
Alfonsina Storni y en las de Capdevila, ("Los Amigos", Los Días de los Días.) Quizá fue ese contacto de privilegio el que la llevó a la poesía, llegando a publicar ocho libros y a dejar más de veinte inéditos. A Los Días de los Días (1969) siguieron Libro de Estampas (1972), El Río Azul (1975), Tiempos de la Vida (1975), Las Confidencias (1977), Animalerías (1980, El Lagarto estaba harto (1986) y No me llames poeta (2001, obra póstuma). Los Días de los Días, si es la primera obra que Marilina Rébora publica, no es la inicial de su labor, aunque ésta así comience para el público. Ya encontramos poemas inéditos que datan de 1936, 1937 -algunos en idioma francés como Les étoiles que j’aime, Madame la lune y Mon petit rêve-, 1938, 1941, 1942, 1943, 1946, 1949, 1950 y 1951, y una mitología para niños (1967).
Marilina Rébora en su adolescencia, época en que data el soneto "Ce soir", fechado en Punta del Este el 15 de febrero de 1937. (Cuaderno de apuntes de la poeta.)
Entre los poemas inéditos se destaca el titulado A mi hijo, escrito en abril de 1950. Dice así:
"Alguien
dijo que recuerdas Merece además citarse otro con el mismo título que data de agosto de 1950:
"Mira,
niño mío, En 1968 se publican dos sonetos en "El Tribuno" de Salta, bajo el título Imágenes de Salta (Señor de los Milagros, La Procesión)21.
2. Primeras publicaciones Los Días de los Días encierra una vida, desde la infancia hasta las horas de plenitud. Por eso constituye un poema, unidad literaria donde cada soneto es una estampa evocativa de los pasajes singulares de una existencia de mujer, los que se vinculan por la constante del sentimiento en recíproca referencia.
El verso, necesitado de
ser claro, es propio por exigencias de la intención temática, aunque
insinúe en su fina tristeza el profundo dolor que lo provoca. Es el
secreto de la lírica femenina que sabe tornar en poesía las vivencias
íntimas. Por lo demás, es un libro auténtico: expresa "los días
y los días" de muchas almas disconformes ante la cruel realidad
actual y eso universaliza la obra en función de arte.
En su prólogo, Fermín Estrella Gutiérrez22 expresa: "Hay, desde un particular punto de vista, dos clases de poesía. La que llamaríamos esencial, nacida en el fondo del alma como una interrogación -o como una respuesta- a los eternos enigmas: la vida, el amor, la muerte; y la que podríamos denominar episódica, espejo -fiel- y crónica humana, cuando ella es auténtica, de hechos y cosas que ve y vive el poeta. Usted, en este su primer libro, ha cultivado, quizá sin saberlo, ambas formas de poesía. Esa es su poesía. Y en ella ha volcado toda su vida : su infancia, sus juegos y lecturas de niña, los recuerdos de su hogar, sus padres ; sus lecturas y devociones juveniles, sus gustos y preferencias, alguno que otro recuerdo de viaje, la historia, velada, de un amor, y su desaliento y tristeza actuales". Peligrosa es la rememoración; aquí es emocionante, sostenida con imágenes felices, airosa, a veces triste, otras con verdadera amargura. El libro tiene tres partes: "Infancia", "Los Años" y "Vida". En la primera parte del libro se encuentra un rasgo de generosidad, notable tanto en las expresiones más sencillas, como en los versos cargados de melancolía que se proyectan -a través de las páginas- hacia "Los Años" y "Vida". La palabra amor, frecuentemente repetida, parece sin embargo surgir de cada uno de los renglones y, manejada con destreza, construir el mensaje perdurable del sentimiento impulsor del universo. Estos versos conservan en su forma los rasgos infantiles de la época que evocan23, y pienso que no llegan a contener la magnitud de las vivencias que encierran. Ejemplo de ello es el soneto "Plaza Francia". Dice así:
"Allá
estaba el globero, en nuestra Plaza Francia,
Los
globos animaban las tardes de la infancia,
Una
esferilla, a veces, escapaba hacia el cielo, En "Los Años" los sonetos parecen construidos por sí mismos, tal es la nitidez de lo que expresan. Se destacan "Alejamiento" y "Despedida". La autora se describe así:
"No
he sido nunca linda -tal vez quise ser alta-
No tuve
grandes ojos, y ahora aún me falta
Se dice
que subyuga por lo manso mi acento ("Mi Físico", Los Días de los Días.)
Pasados ya "Los
Años", se destaca dentro del grupo de sonetos de "Vida"
el que lleva como título "Mi Madre". ¡Cuántos gritos ha
debido ahogar en esta forma; cuántas súplicas y preguntas
suspendidas que sólo hallarían la respuesta dentro de su ser, en el
inmenso caudal de su vida interior! Deja trasuntar una angustiosa
soledad, única consejera para la posterior comunión de las almas...24
"Ansia
de estar un día en un puente de mando,
Y no
saber siquiera, en qué forma, ni cuándo,
Acres de
sal los labios, ruda racha en la frente, Si la temática subyuga, la forma de expresarla -en sus distintos estados anímicos- es admirable, por su síntesis, que realza la armónica belleza de su obra. En este libro de poemas hay un tono intimista de singular valor. Se señalan en su itinerario planos de profunda intensidad, caminos transitados por la autora donde su conciencia ha jugado un papel de lúcida entrega. Tal vínculo transformado en canto se levanta en Los Días de los Días y constituye, dentro de su modalidad, una programática acumulación de vida.
Esta resonancia puede ser
localizada por medio de afirmaciones que Marilina Rébora va
desgranando. Adscripta al romanticismo -una de las obras que más
admirara es la serie Les Nuits de Alfred de Musset25-,
flota en
sus poemas un acentuado impacto de acumulaciones vividas, de esperanzas
que se diluyen en un mapa de hondo dramatismo donde la vida y el tiempo,
con su lenguaje destructor, tamizan la existencia para "un ser de
amor en todo su conjunto".
Este es, en realidad, el clima de todo el conjunto de poemas: un aire de incitación, de registros de impotencias y de alturas, de afinamientos y decantaciones, donde, apoyada en todas sus instancias creadoras, se van desenvolviendo la vida y los recuerdos con una dulce y esperanzada motivación de amor26 y hondo contenido lírico. Perspectiva que comparte Horacio Peroncini27 cuando afirma: "Los poemas de Marilina Rébora nos dan a un tiempo la nobleza del contenido y el señorío de la forma ; hay en ellos una elevación de la palabra y una dignidad de la estructura. Indudablemente responden a una condición natural de arraigo poético, es decir, un estado permanente de inquietud lírica y hondura espiritual. Se advierte sin esfuerzo que la autora no se propone ningún tipo de laberinto conceptual ni busca sorprender con efectismos verbales, sino antes bien expresar todo un itinerario de circunstancias emotivas a través de un lenguaje llano, enternecedor, dramático, sin desbordes; el vocabulario es pudoroso cada vez que dice el dolor. Si toda manifestación cabal es en grado primerísimo una evasión subjetiva, ésta lo es de modo sustancial. "En este trasiego mental y nostálgico recreador de los días, la infancia será siempre un hito de memoración entrañable a la vez que insoslayable; esa memoración importa rescatar y sublimar. De los aproximadamente cincuenta sonetos que Marilina Rébora nos ofrece aquí, algo más de veinte cantan su tiempo de infancia o están connotados con dicho período ; toda la primera parte de su libro es como un reiterado ejercicio de nuestra memoria sentimental; de ello es un ejemplo ‘El muñeco roto’, que dice así:
‘En el
entusiasmo del dulce embeleco,
Sin
fondo, un abismo, semejaba el hueco
La
imagen, por siempre, del pequeño exánime
(La Prensa, 8 febrero 1970.) Referente a Los Días de los Días dice Manuel Mujica Lainez: "Al conjuro de tus versos renacieron muchas imágenes que se vinculan con momentos muy felices de mi vida. El mundo espiritual de los tuyos, íntimamente enlazado con el mío, floreció de nuevo, mientras tus sonetos me llevaban, página a página, por el camino encantado, en una sucesión de emociones. Sólo un poeta auténtico, alguien que vive con misteriosa, con apasionada hondura, es capaz de provocarlas"28. Debe señalarse aquí la gran amistad que unió a Mujica Lainez con la tía de la autora, la pintora Susana Aguirre29.
Canal Feijóo30 afirma: "Cuánto habría que decir de Los Días de los Días... A comenzar por el título mismo, mágica -en lo simplísima- fórmula de la ecuación de la desmesura en la medida, que cifra la esencia del tiempo existencial. ¿Y no está envuelta allí la clave implícita de su inspiración lírica? Quizá no haya especie formal más rigurosa que el soneto. Usted la ha elegido para instalar allí la mayor libertad de su rapto poético. San Agustín decía que sólo es libre el que se esclaviza. Nunca más libre ‘el pajarillo’ de Lope que volviendo a la jaula por el llanto de Lucinda. Sus sonetos actualizan ese prodigio generoso. No sé quién lo haya logrado mejor:
‘...
tan ligero se fue, que extinguido su hálito ‘... puede que a fuer de cauto alcance a ser ternura...’ ‘... me dolía sentirme tan querida...’
‘... y
ahora has de ascender liviana, sin fatiga,
‘... y
todo se antepone difícil y contrario
Nalé Roxlo31 expresa: "A primera vista encuentro en su pensamiento poético impaciencia, pero una impaciencia que la meditación controla y encauza, quizá a veces con demasiado rigor que le quita soltura. He ahí un problema que yo no sé resolver. ¿Debemos dejar que corra el alma en libertad absoluta convirtiéndose en sangre de la pluma? Mi opinión es que no. Esa sangre del alma debe pasar por los filtros del arte, que es lo que usted hace y lo que se debe hacer. Parece que me contradigo, pero no es así. Lo que le critico más arriba no es el rigor, sino el excesivo rigor que usted pone a veces. En el justo medio estaría la regla de oro, regla que usted aplica con frecuencia. En general ha logrado usted un raro equilibrio entre sus finos sentimientos -la finura es para mí la clave de su poesía- y la clásicamente forma del soneto. Consuela el ver que alguien escribe como Dios (o Apolo) manda, en esta época de universal despatarro, en que se publican como obras terminadas lo que sólo son comienzos de borradores". José Luis Romero32 agrega: "La lectura de sus poemas deja un perfume melancólico que tiene que arrancar de una muy buena poesía, profunda y vivida. Tal es la impresión del lector: una experiencia rica y honda, que ha buscado la forma de trascender y la ha encontrado". El segundo libro de Marilina Rébora es Libro de Estampas (1972). Quizá único entre nosotros, nos ofrece pinturas, escenas y paisajes a través de una fina impresión emotiva, donde se siente, más que el espíritu del artista, el alma de las cosas y los seres por la amorosidad de las vivencias. Desfile de plásticos, aguafuertes y luminosas acuarelas, donde se exalta y reproduce la imagen realista de gentes, ciudades y cielos, y rinde la autora la entrega del tesoro de sus propias esencias anímicas. La poeta nos da digerida una belleza que otros no siempre alcanzan a percibir y no podrían asimilar. Extrae la poesía que en todo se contiene sólo para el poeta perceptible. Por eso, al exponer la belleza, embellece al mundo, nos lo descubre en la realidad perdurable, porque la belleza jamás muere. El libro posee cinco partes bien definidas: "Primitivos", "Retablo", "Galerías", "Periplo" y "Compañía de Amor". En la primera parte, "La Porteña en el Templo" es de excelente factura descriptiva. En "Manuelita Rosas" sobresale su colorido brillante33 :
"Muéstrase
Manuelita en vestido encarnado.
Vibra
todo el ambiente en matiz colorado
Apoyada
en la mesa levemente la mano, En la segunda parte, la poesía interior es muy superior a la simple pincelada deslumbrante. Como ejemplos citamos "La Virgen del Conejo" y "La Virgen de la Verja de Rosas" que contienen una frescura inmaculada. El necesario y merecido realismo del "Cristo de Velásquez" lo logra con la pureza de su místico dolor. Donde quizá se encuentre la autora más en su esencia es en el maravilloso soneto de "La Virgen del Unicornio" (Martin Schoengauer). Esta Virgen responde a la imaginación medieval que se nutre de lo fantástico y lo real para el emocionado sentimiento religioso:
"Estás
en tu torre, Torre de Marfil;
Ambiente
sereno, algo pastoril,
Torre de
Marfil; unicornio manso, En "Galerías" se destaca -por su exactitud interpretativa- "La Venus de Lucas Cranach". Su verso final, tan femenino y único, dice así:
"Esta
nívea Venus no nació de espumas: Le sigue en mérito el encantador "Niño con un delfín".
Si se la ve a la autora
en "contemplación" de cada uno de los cuadros, al mismo
tiempo se tiene la impresión de ver al cuadro "asomado" en
éxtasis mudo a su soneto, a la poeta, a su éxtasis hecho verbo. Tal
vez algo como eso cifre la ecuación de la creación mágica del arte en
todas sus expresiones34.
En "Periplo" se destacan "Estambul", "Belén" y "El Taj-Mahal".
Seguramente la parte más
personal, porque es su don natural, sea "Compañía de Amor".
En esta última sección de la obra, el amor y el dolor tienen las
características de un bajorrelieve, donde subyaciendo al íntimo
retrato está la autora viviente y palpitante. Su soneto
"Hijos" trasunta el hecho de ser madre: gloria que consuela
todos los sufrimientos y, aun, todas las ingratitudes35. Constituye una
magnífica efusión de su vida y fe. Dice así:
"Lo
sabréis desde ahora -para eso sois mi vida-:
No habrá
de serme fácil la última partida,
Quedará
el corazón, cual ave en su retiro, Si Los Días de los Días es poesía intimista con la encantadora modestia de un secreto, en Libro de Estampas descubrimos -no sin asombro- que el secreto tiende a la "revelación" sin perder la humildad, pero con el legítimo orgullo de manifestar el secreto a la luz. Ya la poesía no "cubre" su rostro, sino que levanta el velo para mostrar la belleza. Tiene así el encanto del asombro. La vida interior trasciende al exterior, calmando su ansiedad, aunque también aflora la misma inquietud con matices que producen emoción:
"...nadie
hay en el mundo que al fin no se arrepienta ("Mater", Libro de Estampas.) En Libro de Estampas se afirma la búsqueda del contacto del alma con lo sobrehumano. Para los neoplatónicos el misticismo consistía en el contacto del alma individual con el principio divino, despojándola de todo lo trivial y cotidiano, y permitiéndole iluminarse interiormente hasta descubrir la esencia del ser. Por eso es que su poesía carece de eufemismos, no tiene circunloquios. Va directamente a lo pensado. Marilina Rébora es una poeta solitaria que huye de la estridencia bulliciosa y la difundida notoriedad, pero, en cambio, cultiva devotamente su mundo interior y su opulenta imaginación. Mensaje lírico el suyo, traduce la visión integral del auténtico poeta-simbiosis, morosa entre el pensamiento y la sensibilidad. Es decir, un alma que se consume en su propia llama, como si fuera en un holocausto de belleza y amor. Y el alma -se ha dicho- es el único pájaro que sostiene su propia jaula. Referente a Libro de Estampas, dice Débole: "Es Rafael Alberti en su ‘A la pintura’ antecedente ilustre. ‘Libro de Estampas’ se atreve, a veces con donaire, a entablarle pleito. ¿Quién es el que mejor le acierta a Velásquez y quién a Botticelli? Vengan ambos maestros a resolver este problema ; yo no me atrevo. ‘Libro de Estampas’ es más que para leerlo, para soñarlo. Entrecierro los ojos y viajo a través de tanto verso acariciado, por museos y tiempo, por mundos vedados, en ese periplo en el que sólo un espíritu selecto ve y generosamente trasmite, trasmutado en poesía, reelaborado ‘aparentemente’ sin esfuerzo, lo que vio"36. Estrella Gutiérrez37 afirma: "Me he detenido ante cada uno de sus cuadros y, en todos los casos, he sentido la presencia del original que los inspiró, y muchos de los cuales conocía directa o indirectamente. Hay color, vida, y en los de tema afectivo, ternura. Una ternura que se la siente, como la sístole y la diástole del corazón de la autora, bajo las palabras. Sus sonetos están cincelados -o iluminados- con amor. Usted, como en muchos casos Borges, prefiere dar juntos los tercetos finales. Yo los prefiero separados, como hacen la mayoría de los clásicos italianos y españoles".
3. Afirmación poética. El Río Azul y el sentimiento maternal El Río Azul (1975) -tercer libro de la autora- es poesía íntima, tan simple, emoción de niño, casi sin palabras pues lo que vale es la sugerencia, esa que la criatura calla cuando se nos queda mirando, para que le adivinemos lo que tiene en el alma. Dice en el prólogo Rafael de Diego38: "La de El Río Azul es la comarca espiritual de las almas vírgenes, indemnes de maldad. Porque, aun los que han pecado sin intención, conservan la gracia que permite comprender esa poesía, emoción que es el lenguaje teologal con que los ángeles conversan con los niños antes de que éstos vean la luz y que se prolonga en el entendimiento con las madres amorosas". El Río Azul es poesía desnuda, como diría Juan Ramón Jiménez. La tierra y el cielo de la infancia, iluminados con puros colores, amorosamente. Apenas se dice algo, pero el río azul -ternura y añoranza- corre, apenas perceptible, bajo las palabras39:
"He roto el cristal
de la ventana. Perspectiva que tiene Alberto Rivas40 cuando dice: "Una profunda ternura y esa misteriosa intuición, en cuya fluencia descubre la madre los laberintos del alma infantil, reflejan estas breves composiciones. En el diálogo espiritual de los pensamientos subyacentes, ella percibe el diáfano paisaje de los sueños del niño, sus inquietudes y su mundo fantástico ; ella conoce la clave para descifrar sus balbuceos, y presurosa satisface las desazones con dulzura. Después, cuando el niño tiene el milagro de la palabra, inventa un nombre para la madre: ‘Mali’, y ella inquiere:
Y el amor filial se expresa de muchos modos:
‘-Mali, cuando sales
con tu vestido rosa, Y, en la calle:
‘-Caminemos mirando las
vidrieras, Y ella se siente confortada:
‘Sola el alma. Y, al final, otras reflexiones:
"...Cuando seas
hombre, seguirás navegando el Río Azul, en tu barquita de plata, (La Prensa, 15 junio 1975.) Con las manos devotas, juntas en dorada pleitesía, como uno de esos ángeles que pintó de rodillas Fray Angelico, se oye en éxtasis el rumor de El Río Azul, para no romper el encanto mágico y maternal de su estilo. ¡Cuánta pureza, intimidad y ternura! Un eco amoroso en el silencio. Latido de golondrina en el azul del espacio. Para que "naveguemos el azul con nuestra barquita de plata, y, acaso, un día, lleguemos al puerto de la luna"41. ¿Y qué significa el azul? Y el himno claudeliano contestará: "El azul, sea como sea, es algo elemental, y general, fresco y puro, anterior a la palabra. Conviene a todo lo que envuelve y baña... Es el manto de la Purísima..."42.
Dice Marcos
Victoria43:
"El Río Azul contiene dos notables aciertos: el primero, el
hallazgo del tema, que conviene soberanamente a su espíritu y a sus
dones creadores de mujer; el segundo, el título perfecto, que no puede
imaginarse más adecuado. Otro acierto indudable: la elección del poema
en prosa, breve, burilado como una gema, intensamente significativo. El
interés poético no decae en ningún momento. Esa es la prueba crucial
que da la medida del verdadero poeta. Cada poema es un hallazgo de
sutileza y de ternura. Algunos son verdaderamente dignos del Maestro en
esta poesía, Rabindranath Tagore".
Arturo Frondizi44 expresa: "Quien tiene la facilidad de hacer sentir al hombre vivencias de niño, tiene el privilegio de una sensibilidad muy especial. Usted es una de esas personas que iluminan el alma". Postura que comparte Amelia Biagioni45 al afirmar que El Río Azul "es suma de música y sentido y especialmente de ternura maternal y filial asociadas en la belleza poética".
Tiempos de la Vida (1975) -su cuarto libro, obra de maduración y afirmación poética- habría de ser la continuación de Los Días de los Días ya que prosigue esas confesiones íntimas de mujer, que constituyen el diario de un espíritu que vive minuto a minuto frente a sí mismo, pero mirando hacia el mundo para comprenderse y comprender el secreto de nuestra existencia, de la existencia humana. Posee la autora un instrumento afinado en percibir los cambiantes y a veces dolorosos matices de la existencia, en cristiana comunidad y en unión con las cosas que hacen a la vida en su permanente río que no se detiene. Quizá por ello haya en Tiempos de la Vida la misma melancolía, pero más comprensión, más afecto de comprensión. Y, tal vez, estimule más el acercamiento, el perdón. El sentido de las faltas propias -aunque no sean graves- evita los excesos del amor propio, ese sentimiento equivocado que separa a los seres y hasta lleva al tedio. Tiempos de la Vida es un íntimo poemario de edificación espiritual. Y por eso, también, un libro de inducción religiosa. En cuanto entramos en la comunidad de amor que debe ser la sociedad, nos introducimos, casi sin percibirlo, en una emoción religiosa que hace la vida más sublime para alumbrarla de belleza, esa belleza que siempre da de sí la vida cuando se la vive con amor. Con eternidad de amor. Dice Castiñeira de Dios46 que "Marilina Rébora pertenece a una raza en extinción, la de los poetas religiosos, no tanto porque la vida actual lo determina, sino porque los poetas han expulsado el sentimiento de toda comunicación en verso -Octavio Paz hablaba de ‘este tiempo de la degradación del verso’-. Y, por supuesto, la fe, inclusive la fe en el hombre como criatura de Dios". En Tiempos de la Vida volvemos a encontrar la depurada forma de Marilina Rébora: un verso que se desliza con la sencillez de la fluidez natural; todo logrado para la expresión de esta poesía íntima. El soneto clásico, movido por la emoción que debe contener, cobra nuevos diagramas con la misma libertad que ensayaron los creadores de esa rosa de poesía -desde Petrarca y da Pistoia, hasta los modernos españoles, y aquí, Banchs-. El verso se ajusta al tono silente, de labio a oído, para que triunfe siempre la expresión fiel:
Más tarde, reprimendas
son origen frecuente
Después, mayores
lágrimas se vierten sin remedio, ("Lágrimas", Tiempos de la Vida.) En este libro abunda más universalidad en el significado de las ideas, ideas muy elaboradas que llegan a lo más profundo del lector, como en el soneto "No tengo qué decir", tal vez uno de los más logrados. Allí hay una confesión de algo que todos los escritores guardan, porque seguramente no se animan a expresarlo. Hondo en su proyección de clara y vital poesía, dice así:
Y me siento de nuevo en
una encrucijada,
Que no sé si es que
escribo porque desborda el alma,
El que lea con
detenimiento "Paz Interior" o "Soledad" ha de
reconocer, con emoción, momentos clave de su existencia, en que ha
vivido: ("Paz Interior", Tiempos de la Vida.) Esta forma de escribir -con estremecimiento de cosa sentida- rememora los poetas jóvenes románticos, que tanta influencia tuvieran en la autora. No en vano termina el último soneto diciendo y dando la síntesis de toda la obra:
("Hic et Nunc", Tiempos de la Vida.) Su joven amor tiene además -como ya se ha comentado- la virtud de la poesía religiosa. Más mística que ritual. Su patético y original soneto "Las siete palabras" constituye una verdadera revelación en su forma y en su fondo. Con talento para expresarse, su fe y su imaginación la llevan a la plegaria y al éxtasis:
"Juegan sus
vestiduras -así se satisfacen
‘Hoy estarás conmigo’,
dice al Buen Ladrón.
Y la cuarta palabra
ruega: -‘¿Dios mío, por-
-‘Padre mío, en tus
manos (ya retiembla la roca) Alberto Prando47 afirma que "la composición de Tiempos de la Vida es sabia y armoniosamente concebida y desarrollada. De ahí su variedad dentro de la unidad; la síntesis en el relato del transcurso de una vida noble, sensible, espiritual, dolorosa y cristianamente resignada". Toda la obra poética de Marilina Rébora, como dice el presbítero Carlos Cucchetti48: "abarca cuatro etapas que podrían encuadrarse en los versos de Keats: ‘Cuatro estaciones llenan la medida del año; son las cuatro estaciones en la mente del hombre’. Su primer libro de primavera Los Días de los Días, pleno de frescura. Libro de Estampas, recuerdos mágicos de viajes. El Río Azul, asombro ante el hijo y otoñal sosiego. Y finalmente Tiempos de la Vida, madura expresión vivida con ‘alma de adolescente’, como reza el soneto de Battistessa sobre el citado pensamiento de Keats. En cada una de estas etapas la autora dicta a la luz nuevos colores: mujer, esposa, madre y mística49. Sabe con intuición poética que el momento de la creación es el momento de la comunicación, descubriendo que la poesía no es un lujo de su espíritu, es una necesidad. Un solo soneto de Marilina Rébora bastaría para que reconociéramos íntegramente su naturaleza poética:
‘... exquisita criatura
que afina todo idioma ("Mujer", Tiempos de la Vida.) "Ausente toda metáfora, resplandece milagroso el sentimiento. Las nostalgias, los reproches, enojos y paces son ‘flores marchitas entre página y página’. Pienso con Chesterton que las cosas que nunca sucedieron o que casi suceden son las que agrandan la mente. Y Marilina Rébora las crea como mujer sensible:
‘A la orilla del mar
con ansiedad de olvido. ("A la orilla del mar...", Tiempos de la Vida.) "Aun su misticismo-golondrina que anida en ‘Jamás de sus criaturas se desentiende Dios’, clama y ruega por el amor: ‘...porque el cielo es promesa, de nadie se ha olvidado.’ "Poseedora de la llave de su arte, sabe con exactitud cuán trascendentes son las motivaciones que elaboran el cañamazo de sus poemas. Su versificación cuadra en la difícil métrica del soneto, marco de oro a su temperamento intenso. Destino, sin duda, de una auténtica poeta." (La Prensa, 3 enero 1976.) Su próximo libro de poemas -aunque el séptimo de su producción editada- es El Lagarto estaba harto (1986), poemas para niños. El libro lleva el prólogo de Antonio Requeni50, quien expresa: "En ‘El mundo poético infantil’, Fryda Schultz de Mantovani escribió algo que me parece muy cierto: ‘La riqueza de visión por la que el artista se distingue del hombre corriente consiste no tanto en lo que ha tenido el talento de adquirir como en lo que ha tenido la dicha de no perder’. Usted ha tenido la dicha de no perder el candor y la pureza de su visión de niña, por eso es poeta y, por lo tanto, capaz de reflejar en esos poemas ese estado de juego, de alegre recreación y ternura privativos de la infancia. Todos sus versos están impregnados de esos sentimientos, de esa felicidad, de esa magia". Los dibujos que acompañan este libro son propios, ya que la poeta había estudiado dibujo con Ernesto Riccio, Vicente Puig y de la mano de su tía Susana Aguirre51.
En un reportaje realizado por María Esther Vázquez52 para La Nación, la poeta afirma: "El poema que más me gusta del libro es ‘El burrito glorioso’, porque da un testimonio. Pero los que más me divierten son ‘La hormiga Josefina Bonaparte’ y ‘El lagarto estaba harto’ que le da el título al libro", y dice así:
"El lagarto estaba
triste
4. La prosista y los aforismos. Su obra inédita Marilina Rébora incursiona en la prosa, a través de los aforismos, en dos de sus obras: Las Confidencias (1977) y Animalerías (1980). Dice Rafael de Diego53 en el prólogo de Las Confidencias: "Título original de tan primario. Esa es la intención que la ha llevado a ir dejando escritos ciertos secretos de los momentos cuando la mente, acaso el alma, se deja oír ante particulares situaciones de la vida o del propio espíritu. Momentos de ocio, de meditación, de concentración, en que uno se olvida de sí mismo para que algo se haga expresión. "En este libro el estilo se ajusta a lo que debe ser la confidencia. Lectura agradable como el decir comunicativo de la persona amiga que nos transmite la intimidad del corazón confiado. Nada de claves, ni profundidades esotéricas, ni sueños extraños. Es el desahogo natural del que, desde su soledad, mira hacia la vida, viendo pasar las gentes, y, con bondad, nos advierte lo que está bajo la apariencia disimulada o engañosa." Este libro muestra la penetración de la autora en lo más recóndito del alma humana, sus infinitos matices, vicisitudes, comportamiento, virtudes, vicios, alegrías, dolores, todo con certero enfoque psicológico. Esta prosa se transforma en una nueva poesía del pensamiento y del lenguaje. Estas "confidencias" constituyen un conjunto de hondas reflexiones con aire aforístico, fruto de la experiencia y del temperamento, pero totalmente despojadas de gravedad y suficiencia. Pensamientos que expresan las meditaciones de un espíritu sensible, que refleja el mundo y la vida en palabras que llevan la intimidad del alma. Bastan los siguientes ejemplos: "Más difícil resulta ser generoso de tiempo y de sentimiento que de dinero." "La mentira es el defecto más opuesto al perfeccionamiento del alma. La primera víctima de la mentira es el mentiroso, que se engaña a sí mismo, sin saber un día cuál es la verdad." "Es difícil persistir en la benevolencia, porque la gente pierde la consideración ante quien complace siempre." "Nada más triste que la vida mediocre. Y, sin embargo, en eso se está." "El respeto no debe dedicarse solamente a posiciones sociales, o altas jerarquías; nos lo debemos mutuamente, sea cual fuere nuestro lugar en la vida. Si no nos respetamos, es por falta de consideración." "La gente se aferra al mundo, más por miedo a la muerte, que por amor a la vida." "Cuando se echa una carta al buzón, parecería que con la carta se fuera un no sé qué de nosotros." "Uno de los más tristes síntomas de nuestra época: la indiferencia -por cuanto la falta de interés hacia el prójimo es total." "Negarse a sí mismo puede ser virtuoso; lo santo es aceptar que los demás nos nieguen sistemáticamente." "Las mentes honestas han de luchar hasta consigo mismas, porque, aun sirviendo sinceramente a la verdad, se preguntan si, después de todo, están en lo cierto." "¡Pobres los que hacen consistir la vida en efímera apariencia! Dan ganas de recetarles anteojos para el alma." "Cíclope, la noche nos mira con su ojo de luna llena." "Cuando niña, creía que mirando el cielo intensamente los ojos se empapaban de azul." "La niñita miedosa, en los anocheceres, para no quedarse sola, se quejaba de dolor en un dedo. La madre, que conocía el mal, para curarla, le ataba en el dedito una cinta pero mantenía la niña a su lado. Ante la soledad de la vida ¡cómo sentimos no tener quien nos ate la cintita del amoroso consuelo, quedando a nuestro lado!"54 Dice Ofelia Kovacci55 que "en Las Confidencias, Marilina Rébora reflexionó lúcidamente apoyada en un hondo sentimiento religioso: así, sobre la fe56 o sobre el justo valor de la fantasía y el afán de embellecer con ella la vida57; y lo hizo descarnadamente sobre la condición subordinada de la mujer58, o sobre hábitos, apariencias, debilidades". Los seres y la trama sutil de sus relaciones son contemplados desde la doble perspectiva de la mujer creyente y de la madre, lo cual impregna a estas páginas de insoslayable ternura, un sentimiento que no elude, sin embargo, la ironía y la suave admonición. El tono cordial e íntimo es la feliz expresión de esa "naturalidad" certeramente elogiada en el prólogo59. Animalerías nos pone en presencia, una vez más, de una escritora original, sensible y de fina espiritualidad. Constituye un hallazgo, comenzando por su título. Se dudará entre la fina captación que la autora realiza, con comparaciones hábilmente logradas, y la inteligencia que surge de un espíritu curioso y alerta del mundo que la rodea. Este libro sorprende e invita a la reflexión, sin dejar de deleitar, y refleja -a veces con sentida ironía- un humor sutil y una delicada fantasía. Desfila ante nuestros ojos un zoológico curioso y apasionante, bien que tierno y animado de cierto candor deliciosamente infantil60. De entrada nomás, constituye todo un acierto el prólogo que la autora realiza, ingenioso, feliz, rebosante de ternura y piedad, y hasta de una pizca de escepticismo. Dice Marilina Rébora61: "Los animales avivan y enriquecen la imaginación más que las gentes. Hasta el más insignificante es distinto. Los humanos somos tan semejantes que, conocer a uno, basta para aburrirse -son tan iguales; por eso se ha dicho, todos son uno y lo mismo. Los irracionales -no tan irracionales- conservan, cada uno, personalidad de formas y fondo. Y son más entretenidos. Siempre sugieren algo más, y por el esfuerzo para entenderlos cultivan nuestra inteligencia. Y, sin darnos cuenta, solemos amarlos. Ciertas personas los prefieren a sus propios semejantes. Además son simbólicos, por eso cada Evangelista tiene su animal representativo y sus figuras llenan los escudos de armas, y las aves, sobre todo, intervienen en la vida de los santos y la suprema encarnación espiritual es la paloma que extiende sus alas sobre el lugar donde San Juan bautiza a Nuestro Señor."
Entre sus aforismos, Victoria Pueyrredon63 destaca algunos de los siguientes:
"¿Cómo harán los camellos cuando Dios les ordena pasar por el ojo de la aguja ?" "La cebra es un caballito visto a la luz de una persiana entreabierta." "La raya presenta revés y derecho." "El martín pescador se nos presenta más como juego infantil que como ave alimentándose con pececillos." "El carnero merino usa cuernos a manera de rodetes. ¿Será símbolo del estilo jónico?" "Para los niños de antes, todos los renacuajos se llamaban Rin-Rin. Y el apellido de los ratones era Pérez." "¿No nadar en contra de la corriente? ¿Acaso el salmón no regresa así a su altura natal? Suprema fidelidad a la cuna." 64 "Al ver navegar al majestuoso cisne blanco, extrañamos a Lohengrin. ‘Irá a buscarlo’ -pensamos." 65 "¿Patadas? La del avestruz, la del canguro, la de la jirafa, en las cuatro direcciones. La del ingrato suele ser la más auténtica." "El labio superior del camello es el cubretetera, acolchado y antiguo, de nuestra infancia." "La hoja que cayó en la espalda de Sigfrido, al sumergirse en la sangre del dragón, nos recuerda que todos tenemos un punto vulnerable que resguardar." "Deberíamos recordar más los ‘carneros de Panurgo’, por nuestra semejanza con ellos: vamos tras los otros, aunque sin saber siempre dónde." "Las sardinas están envueltas en papel de plata." Referente a Animalerías expresa José Bianco66: "No sólo revela amor a los animales, sino grandeza de alma en los humanos que tantas cosas descubren en ellos -en este caso, ganarse de alma a usted- e inteligencia, imaginación, gracia. ¡Cuántos conocimientos de todo orden demuestra! Por de pronto, de los Evangelios. Muy oportunas las citas de Marcos y de Lucas y muy exacta su observación de que no le hacen justicia al asno y al buey. Los aforismos están llenos de ingenio y de ternura".
Requeni67 afirma:
"Algunos aforismos -muchos- son, por otra parte, envidiables
hallazgos poéticos, pues participan a menudo del juego de la
imaginación y la metáfora, y siempre del sentimiento".
Perspectiva a la que adhieren Horacio Castillo68, al mencionar "el
ingenio de la obra y su delicada inteligencia", y Jorge Calvetti69
al decir que los poemas "revelan una mirada agudísima, tierna,
cariñosa; también sentido del humor (el humor de buena ley es siempre
inteligente) y una gran delicadeza de alma".
Ernesto Schoo70 señala que "el aforismo no es un género cultivado a menudo entre nosotros -excepciones notables han sido Fernández Moreno (‘La mariposa y la viga’) y, por descontado, Gómez de la Serna, maestro de la greguería. Esto hace doblemente valioso este libro, pariente cercano del ‘Bestiario’ de Apollinaire y del ‘Gaspard de la Nuit’ de Aloysius Bertrand". Como dijéramos precedentemente, Marilina Rébora -fallecida el 19 de septiembre de 1999- dejó más de veinte obras inéditas en los siguientes géneros: soneto, aforismos, poesía desnuda, poesía infantil, cuento y una novela. A lo que se debe agregar un Evangelio del Nuevo Testamento en verso. Merece destacarse -sin embargo- su afinidad por los versos para niños. 5. La pasión en la obra de la autora Castex71, en su Tesis La pasión como circunstancia eximente, atenuante o agravante de culpabilidad en el derecho penal canónico y comparado, analiza detenidamente el concepto de pasión. En el Diccionario de la Lengua Española72, la palabra pasión implica cualquier perturbación o afecto desordenado del ánimo (5a. acepción) y apetito o afición vehemente a una cosa (7a. acepción). J. Casares, en su Diccionario Ideológico de la Lengua Española, asocia en primera agrupación a pasión con los términos: vicio, sentimiento, emoción, amor, aborrecimiento, ira, temor, deseo, afición, excitación73. La passion -Leidenschaft en alemán- sería para los psicólogos franceses una potente inclinación, estable y duradera, que puede devenir tiránica, que domina la razón y ordena la conducta. T. Ribot74 dice que la pasión es a la afectividad, lo que la idea fija al pensamiento. En otras palabras, para este autor la pasión polariza al individuo sobre un único objeto y le hace descartar el resto. En Las Confidencias dice Marilina Rébora75 respecto de la pasión: "La pasión comete más injusticias que la arbitrariedad, bien que la arbitrariedad, si no procede por interés, sea el producto de la pasión", para agregar luego: "En las naturalezas apasionadas, siempre impulsivas, son frecuentes y pronunciados los cambios de humor, desde el propenso a sacrificarse, hasta el favorable a la explosión violenta por pequeñeces".
En Marilina Rébora hay
por de pronto un sentimiento y una emoción que fluyen de su hermosa
poesía en cada uno de sus libros. El amor, tantas veces repetido, la
inquietud y la melancolía que destilan sus sonetos, sobre todo en Los
Días de los Días y Tiempos de la Vida, en íntima
intensidad expresiva, vuelcan hacia el mundo su materia invocada y
reveladora, con un deseo de contener y expresar el drama de la
existencia con libre intención significativa. Y esto es pasión, que se
ha ejemplificado -en sus distintos matices- en los sonetos escogidos.
Será menester tomar un último ejemplo, para lo cual recurriremos a una
de sus poesías inéditas, que se titula "Diría que lo
quiero", escrita en enero de 1981:
"Diría que lo
quiero,
Diría que lo quiero,
Diría que lo quiero,
Diría que lo quiero,
Diría que lo quiero, Su manera literaria se ciñe rigurosamente a la norma estética que exige Rafael de Diego cuando dice: "El arte debe traducirse en expresión accesible". Y así se erige toda su obra, tras el vuelo lírico de sus ideas, la gracia arrobadora de sus imágenes, la riqueza entrañable de sus sentimientos y el vigor exultante de su espíritu. Y todo ello, con esa sinceridad que le hace decir a Rubén Darío: "de desnuda que está brilla la estrella", envuelto en una atmósfera tan idealista y pura, que pareciera que se percibe, en su mundo subjetivo, el latido ondulante de su propio corazón. Quizá Miguel de Unamuno hubiera podido descifrar bien el alma de Marilina Rébora. Recurrí a sus obras y me encontré con estos párrafos76: "El misterio es para cada uno de nosotros un secreto. Dios planta un secreto en el alma de cada uno de los hombres, y tanto más hondamente cuánto más quiera a cada hombre; es decir, cuánto más hombre le haga. Y para plantarlo nos labra el alma con la afilada laya de la tribulación". Y después, recordando la parábola del sembrador, agrega: "Hay hombre a quien el secreto de su vida le cae por fuera, al camino de ella, y se lo devoran las aves; a otro le cae en corazón pedregoso y no tribulado ni arado por el dolor, y le brota, pero el sol se lo quema; a otro se le ahoga en mil divertimentos y expansiones; y sólo a muy pocos se le adentra y hecha raíces, y las raíces, tallo, el tallo hojas, flores y, por fin, frutos". Unamuno escribió ese ensayo sabiendo que el secreto de la vida iba a fructificar en las almas como la de Marilina Rébora. Por eso ha legado esa obra que nadie podrá leer sino con verdadero respeto. Marilina Rébora es un poeta solitario. "Es uno que ha tenido a la soledad por cabecera y ha llamado hermana a una estrella. Solitario. Pero la soledad puede ser una comunión." En ella ha sido la comunión del ensueño, el sentimiento y la belleza. Referencias Bibliográficas y Notas
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